España | Collage | Nahuel Tupac Losada

La mirada del jaguar

Existe una extraña coincidencia entre la obra, su nombre y la piel del jaguar. Coincidencia, quizás antojada, que resulta escalofriante o un tanto inquietante. A veces el azar tiene mucho que ver en nuestras vidas y, sobre todo, en sus prefiguraciones metafóricas, en su acento de tango y también de bolero. Lo que hace que nadie se halle exento del peligro y la amenaza de sus emboscadas y de sus malabares. Sin saberlo, claro está, su nombre anunciaba lo que supondría un trayecto por los mundos de la iconografía y su uso desobediente, irreverente, orgiástico. Su nombre, insisto, fue el anuncio primero de esa irreverencia (mal)educada, de ese canibalismo predatorio, de esa postura reaccionaria ante la posibilidad de una sola –y única– lectura del signo.

Nahuel Tupac Losada, es su nombre. Un nombre que señala su origen en la tribu de los mapuches, también denominados “araucanos” por los españoles en los tiempos falocéntricos y expansivos de la conquista. Y significa, según algunas traducciones, “jaguar”. El jaguar es símbolo de travestismo, de ocultación, de mímesis, de “camuflaje”, de astucia. Es ese gran felino que observa con sigilo, que se oculta entre la maleza haciendo alarde de paciencia para asestar el ataque mortal. Un felino, dentro de los de su tipo, que realiza un ataque limpio, quirúrgico, desafiante siempre. Lo mismo que realiza este artista respecto del mundo visual que le rodea, de su capital iconográfico. Un mundo que el advierte –cual felino al cabo– como presa, como alimento, como desafío constante.

La obra de Nahuel resulta un testimonio de la crisis del modelo moderno y certifica la defunción de esos ideales de vanguardia abducidos por la tiranía narcisista de la obra original y única. De ahí, en parte, que se declare (sin decirlo apenas) un defensor de las estrategias discursivas de acento posmoderno y de la operatoria caníbal tan propia dentro de ese nuevo dominio.

No por gusto, y en el espacio tan promiscuo de Facebook, el joven crítico cubano Rubens Riol, comentaba que “definitivamente, el repertorio de obras de Nahuel es palimpséstico y de una altísima densidad cultural. Las referencias viven allí con la fuerza y la miscelánea de una orgía. Nahuel simpatiza con todas las estrategias discursivas del arte posmoderno. Ama el reciclaje, el pastiche, la cita, el homenaje, la parodia, la ambigüedad, el juego. Apuesta además por un camino muy personal, susceptible de marcas y síntomas que desnudan su subjetividad”, a lo que yo añadiría su rabiosa capacidad relacional y aleatoria para hacer convivir en un mismo epicentro un ejército multitudinario de iconos que, al mezclarse en esa superposición delirante, advierten de una saturación de su horizonte hermenéutico.

Sin duda, Nahuel deviene en un avisado exégeta de su tiempo. Puede incluso que a un nivel del que él mismo no sea consciente. Su propuesta no supone solo, o no únicamente como podría pensarse, un acto de “apropiación” y “usurpación” del legado anterior; sino, y más importante que ello, entraña un claro gesto de “interpretación”. En la medida en que sus retablos, incómodos muchas veces, desvelan la silueta de un modelo cultural atravesado por el principio de la saturación y los recursos paliativos del reciclaje. Ellos se convierten –entonces– en una especie de resguardo, de certificado, de prueba testifical de su tiempo. La contemporaneidad ha desarrollado los síntomas de una metástasis irreversible en la que el original, la copia de éste y la puesta en escena de ambos, hacen reverberar cualquier noción de autoridad poniendo a prueba la configuración de su preciso repertorio de motivos y estilemas. Nahuel es consciente de esto por lo que se anticipa a la idea misma de que muchos consideren su producción como una aportación de obras concretas, según su sentido tradicional, para validarla, en su defecto, como narrativa ficcional de un estado, de un momento, de un sistema de cosas.

Sobre la metástasis irreversible…

…de eso quiero hablar: de HOY. De un hoy que refrenda la fuerza y el valor del pasado. Un espacio específico sin el cual mi trabajo extraviaría mucho de su sentido. ‘Hoy’, esa ansiedad por el tiempo presente, es el opio de la cultura, se traduce en su vicio y en su adicción juvenil. ‘Hoy’ es la promesa nihilista, de la apoteosis antes de la obliteración de mañana. Lo que hoy es relevante, mañana dejará de serlo, indefectiblemente. Sin remedio, sin significado, sin autoridad.

¿Por qué NiNi Arte?

Mis trabajos son fruto de mi relación obsesiva con la cultura pop, la noción aceptada y expandida de canon artístico, el flujo constante de información de actualidad, y mi necesidad de concederles una forma semiológica propia, al menos una forma que yo entiendo ajena al razonamiento común. Trabajo con imágenes encontradas en internet, fotografías propias, y las herramientas de postproducción a mi alcance, que me permiten la fundación y especulación de realidades paralelas: especie de simulacros orquestados sobre la arquitectura de la ilusión. Celebrando de este modo esa sensibilidad posmoderna, tan gustosa de los re-ajustes de sentido y la perversa manera de re-leer, disentir, desautorizar y recuperar. Llamo a mis trabajos NiNi Arte en homenaje a la generación de jóvenes españoles injustamente definidos por el sintomático neologismo ‘Generación NiNi’ (Ni estudian, Ni trabajan). Mis NiNis son, a su manera, crudos e indómitos, fruto del capricho; también beben del conocimiento adquirido y disfrutan de ser concebidos con herramientas tecnológicas avanzadas y democráticamente disponibles. Mi intención es establecer una complicidad entre la obra, el espectador y yo mismo que conduzca al placer estético, la conversación semiológica y el diálogo enfático, en el sentido de interpelación, de provocación y roce. NiNi Arte es, por tanto, una ilusión, un sortilegio, una alquimia, un reducto utópico, una complacencia estética, también política, que mira hacia un lugar: el ahora; la vida. Mira hacia mí mismo y mis circunstancias. Pero es, por encima de todo, la manifestación de un deseo, su confesión y búsqueda.

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