Presentar interrogantes y planteamientos abiertos cuyas soluciones no convergen en una sola respuesta, mueven al artista francés Christian Boltanski, quien desde pequeño, inquieto por su entorno y atento a los estímulos de su al rededor, pasó de la pintura a la instalación. La muerte y la identidad definen y recorren su obra de principio a fin con distintos enfoques y matices. A ello se debe la ropa usada que utiliza en sus instalaciones, los cuerpos que pasaron por ahí y dejaron su rastro, cuyo carácter autobiográfico conquista la imaginación del artista, se mezcla con retratos sepia de anónimos que tuvieron lugar en alguna parte del planeta y de quienes extrae una identidad perdida, que recupera su valor y habla de su época.