Corea | Pintura | Kim Hyun-sik

El hiato de la representación

“Es grave advertir que después del orden de este mundo hay otro orden”

  • Antonin Artaud

Todo se remonta a sus años de juventud. Kim Hyun-sik vivía inmerso en mundos de fantasía y libre de las convenciones sociales, siempre embarcado en viajes hacia lugares inexplorados. Hoy desde Ulsan City, una de las ciudades más grandes de Corea del Sur, desarrolla una serie de trabajos dialécticos entre lo perceptible y lo imperceptible, el plano y el volumen. Travesías hacia lo desconocido llenas colorido reflectante que nos hace cuestionarnos frente a la imagen, frente a la sencillez de la forma y la fuerza que adquiere cada obra.

Para Kim Hyun-sik, su trabajo es una forma de cuestionar o representar lo visible e invisible, en sus palabras: “Desde mi graduación universitaria, mis obras han girado en torno a preguntas y consideraciones acerca de perceptible e imperceptible   . Tomando prestada la terminología de la filosofía oriental, puedo decir que ha sido una investigación que se debate entre lo condicionado (samskrta) y el incondicionado (asaṃskrta)”. De esta forma, Kim cuenta que en su primera exposición individual Viaje Secreto –en la cual tenía la intención de presentar trabajos algo sombríos, producto de su viaje interior– tratando de incluir elementos que puedan dar vuelta el cuerpo del arte. Y acá, para Kim, llegó el momento de absoluta claridad respecto a su relación con el público: “Desperté en una dimensión que no había imaginado antes, la de ser artista. A partir de ese encuentro comencé a albergar el deseo de ser una mejor persona abandonando pretensiones banales. Lo que realmente quería era ser un trabajador con la consciencia y las emociones más agudas”, señala.

Su transformación como artista, por tanto, lo hizo partir de una serie de eventos que captaban el espacio en el plano, como punto de entrada a aquello que está más allá de lo perceptible y la ilusión, presentando todavía una imagen sustantiva. Sin embargo, ahora se encuentra desprovisto de formas, compuesto únicamente por las líneas en capas de color. “Estoy haciendo excursiones experimentales en el mundo de lo que no tiene forma ­–señala–. Decidí hacer un esfuerzo mucho más abstracto, porque sentí que la referencialidad de esos trabajos anteriores estaba alterando el propósito de mis obras. El enfoque experimental de mis trabajos recientes se encuentra en la misma línea de inquietudes, pero se expresa a través de medios diferentes”.

Con influencias de múltiples artistas, entre ellos Anish Kapoor, Jean Grenier, Yun Hyong-Keun, Kho Nakbeom y Choi Jeong Hwa los cuales son escultores, escritores, pintores o artistas de instalación, Kim Hyun-sik, toma de ellos el terreno que pisan en común y que es lo que él aspira hacer con su trabajo: “Son estilos únicos que retratan un mundo más allá de lo conspicuo”, comenta el artista, quien aprendió de Yun Hyong-Keun mientras estaba en la universidad, lo que significa encarnar una resonancia interior en la propia obra; o bien de Kho Nakbeom y Choi Jeong Hwa, lo que es perderse en una situación. Así, a modo de un teatro artaudiano, Kim Hyun-sik busca establecer un hiato en la representación. Como dos vocales en contacto que pertenecen a diferentes silabas, la obra de este artista busca materializar lo inaprensible y desconocido a través de una metafórica tajada o herida del espacio bidimensional. En sus palabras: “Mis obras pueden describirse en términos de un viaje. A través de ellas sueño con lo desconocido. Son travesías interiores, por eso me abstengo de explicar mi trabajo a los visitantes, no tiene sentido. Más bien trato de que sean ellos los que puedan atravesar las puertas de mi obra, cruzar el muelle y empezar el viaje hacia las satisfacciones reprimidas pero latentes”.

Y así el viaje de lo conocido a lo desconocido nos sumerge en una dimensión inesperada, en formas hecha en base a colores, pues sus obras son eso: un mar de un solo color que nos completa la mente con ideas, con sueños hacia una travesía desconocida, “con este propósito me expreso con colores atractivos, para atraer al espectador hacia mi estado de ánimo. Una vez dentro de ese marco, cada visitante está obligado a realizar su propia interpretación y, en este punto, mi obra ya deja de ser importante”, explica el artista. Lo importante es la lectura individual, el ejercicio de pararse frente a uno de sus trabajos y dejarse llevar por la imaginación y las sensaciones, locuras o vivencias que esta adquiere al ver los colores intensos y los reflejos que se generan con sus trabajos.

Pero la obra de Kim Hyun-sik no está compuesta solo de color, también tiene textura dado que la realiza con resina, para, según explica, “revelar y manifestar lo incondicionado a través de lo condicionado he optado por utilizar como material la resina transparente. En mis obras la tridimensionalidad es capturada dentro de la superficie clara donde el espacio volumétrico y el plano coexisten. Allí encontré una posible salida de la bidimensionalidad”, explica. Así, la naturaleza transparente de la resina libera la mirada del espectador y la invita a vagar más allá de la superficie, en su profundidad. La mirada desenfrenada, a través del material transparente, se vuelve inmaterial y, amorfa, es capaz de llegar a una dimensión en última instancia ininteligible. No puede ser posible en la realidad, pero aun así, ahí está.

“El mundo de lo visible como una forma de expresión es un simbolismo instintivamente impulsado por los colores. Lo más profundo pasa a través de las incontables líneas dibujadas. Y es allí, en ese vacío, en ese lugar incumplido y desprovisto de cualquier imagen que uno puede alcanzar lo desconocido, el propósito ultimo de mi obra, de mi sueño”, puntualiza el artista.

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