Colombia | Artista Multidisciplinar | Mario Vélez

Sinfonías de color

Del color a la forma, de la forma al plano, del plano a la línea, de la línea al óvalo y así sucesivamente. Tal es el ritmo constante que generan los cuadros de Mario Vélez, pintor colombiano que pese a su simplicidad formal, otorga gran fuerza cromática a sus obras.

Ver las obras de Carlos Mario Vélez, implica remitir al esencial básico de la pintura: soporte con planos de color, texturas, geometrías sencillas donde prima la figura elíptica, líneas y trazos. Son formas honestas, sencillas, que no esconden más significado que el que podemos ver y apreciar directamente. Por lo mismo, las composiciones son poesía en sí mismas. La sutileza del movimiento y flujo continuo que producen las formas entre sí, son como un baile al ritmo del color; baile en el que todo se conecta y vuelve circularmente. Entre los elementos reiterados dentro de estos ambientes cromáticos, prevalece la elipsis u óvalo, que en los cuadros de Vélez parecieran ser una especie de semilla, de huevo orgánico en estado de germinación. Y es que sus cuadros dan cierta sensación de florecimiento y de energía naciente gracias a la figura del óvalo y a las combinaciones de color.

Para Mario, la pintura es: “un proyecto permanente que requiere valentía e intuición, ella debe ser la manifestación de algo poderoso a nivel intelectual, espiritual y artístico. El acto de pintar me hace sentir en un recinto, un santuario que incita a permanecer y a dedicar esfuerzo y vitalidad (…). La pintura implica una relación exclusiva artista-obra; la soledad es aliada de la pintura, ayuda a tener mayor conciencia de lo que se hace, es clave en la creación de mi proyecto plástico”. Su influencia pictórica se generó durante su periodo de formación artística en Alemania en los años ‘90, donde estuvo marcado por el expresionismo alemán. Ahí estudió con el pintor Karl Hörst Hödicke, uno de los padres del neo-expresionismo, quien lo conectó con el arte abstracto de Nueva York. A su vez, el artista Manuel Hernández es otro de sus referentes abstractos dentro del ámbito colombiano.

De ese modo, la obra plástica de Vélez está influenciada principalmente por tres lenguajes y/o movimientos: las formas de las culturas precolombinas, el lenguaje de la abstracción y el color del expresionismo. Sin embargo, su pintura dista bastante del carácter tosco que suele asociarse a dichos estilos. La energía y soltura propias del expresionismo, es reemplazado en la obra del colombiano por trazos sumamente precisos y cuidados, que enmarcan y separan cada espacio cromático, cada forma y contorno. El movimiento sugerido es más bien delicado, creando armonía y equilibrio dentro de las composiciones. La mancha jamás aparece, y la pincelada queda remitida al espacio propio de las figuras o fondo. Si bien la huella del pincel no es dejada explícitamente en sus obras, al menos sí podemos notar la calidad de las texturas visuales, que son reforzadas por medio de las capas de color.

Mario Vélez es sin duda un colorista. Sus numerosas obras están atravesadas por la energía del matiz en sus diferentes temples y temperaturas. Mientras unas son pasteles y de colores claros, otras guardan la potencia de la saturación o el contraste. Misma cosa con las obras frías o cálidas, siempre creando una atmósfera que insinúa alguna estación del año. Es el caso de la serie Eterna primavera, realizada el 2011. En ella el artista expresa esa fuerza naciente del color en su estado enérgico y vibrante. Las semillas se entrelazan unas a otras mientras flotan al interior del soporte con un temperamento bastante lúdico y alegre.

Dentro de sus últimas producciones, se encuentra Canto rodado (2014). La serie, en formato grande, repite los elementos mencionados anteriormente, mas en esta ocasión la forma-semilla se transforma en huevo, conformando unos pseudo racimos que navegan, se expanden y contraen en todas direcciones. Canto rodado abandona un poco ese dejo lúdico que había en la serie anterior, para cargarse de un aire un tanto geométrico y espacial –refiriéndome al espacio universal–; hecho evidenciado por medio de algunos de los títulos: Onda cósmica continua, Formas solares fragmentándose, Planetario, Vacíos astrales, Silencios estelares, Convivencia de universos, Agujero negro, entre otros. Por otro lado, los colores se tornan un poco más opacos y las formas geométricas adquieren gran protagonismo: el círculo, los cuadrantes y triángulos, organizan los pesos, direcciones y movimientos de lo que ocurre a nivel composicional dentro de las imágenes, representado en estos “huevos cósmicos”, que en su ir y venir expresan el acontecer universal. Todos los elementos quedan perfectamente balanceados, análogo al universo que nos plantea Vélez: colmado de equilibrio y armonía en continuo desplazamiento.

Cuadrantes es otra serie realizada durante el año 2012, creada para un evento que homenajeaba al músico John Cage. En este proyecto, Mario estableció relaciones entre los instrumentos musicales y las bandas elásticas de color con que fue realizada su obra. El proyecto tuvo la particularidad de ser una oportunidad para indagar en la tridimensionalidad y salirse del estilo pictórico bidimensional previo, caracterizado esencialmente por las grandes superficies de color. No obstante, Cuadrantes también mantiene la estructura gráfica del dibujo que yace en los otros cuadros, pero desde una técnica y material distintos, lo cual le otorga un carácter más rígido y menos orgánico que el resto de su obra que pareciera estar en permanente fluidez.

Actualmente el artista se encuentra trabajando en un nuevo proyecto titulado Cronotopo, cuyo objetivo es, según explica Vélez: “llevar los elementos del plano como el color, las formas y los trazos a una realidad habitable, el punto es rodear a los espectadores con una pintura-recinto que se pueda pisar, tocar, poblar”. De ese modo trasciende los márgenes de la pintura para acercarse a la instalación propiamente tal; desafío interesante dentro de su carrera artística, pues mantiene los conceptos esenciales de sus cuadros, más vinculados al espacio tridimensional y a una estética relacional con su espectador.

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