Checoslovakia | Artista Multidisciplinar | Viktor Freso

El poder sintético de la estética

Nuestro día a día se esfuma en el deglutir de lo inmediato sin detenernos a pensar qué sucede realmente. Razón por la que nos sorprendemos al analizar la trayectoria artística de Freso. La potencia del impacto se fusiona con el vacío y desorienta la mirada ávida de cantidad, de consumo, de velocidad. Este artista checoslovaco elige los objetos más cotidianos e invisibles del entorno, para materializarlos en conceptos que fundan una nueva identidad estética y visual.

Para trazar los modos de lectura de la trayectoria de un artista hay que recurrir a su historia, a sus quiebres y cambios de estilo. Las complejidades de cada ser humano y sus procesos, se traspolan directamente a la obra para transformarla en una extensión del pensamiento de un momento determinado. En el caso de Viktor Freso, es inevitable detectar un sinfín de variaciones de técnica pero que, a lo largo de su carrera, logra aunar en una identidad de impacto visual que trasciende y atraviesa todas las series creadas.

Conocer los trabajos de Freso, es adentrarse a un shock estético que moviliza nuestra zona de confort y nos invita a hacer a un lado nuestras creencias cotidianas. Aquello que podía ser el marco de un abuelo, juega otro papel en la escena artística y se conjuga con objetos como pelotas de tenis y básquetbol. Sin dudas, la mixtura de elementos en las instalaciones de este artista, demuestran la necesidad de narrar la historia del reverso, el lado B del disco que escuchamos a diario.

No es lo mismo contemplar sus esculturas que sus pinturas, las expresiones de sus textos o sus instalaciones. Cada género tiene un canal de comunicación diferente, y consigue despistar y congeniar con la originalidad sobre el uso del elemento cotidiano. “Pintar es un campo de trabajo muy especial para mí. Lo percibo como una de las maneras más personales que puedo tener para transmitir mi mundo hacia afuera, es el modo más introspectivo de trascribirse en un exterior. Cuando pinto, me doy cuenta de cuál es mi trabajo realmente. Empiezo a modelar diferentes sentimientos y temas que claramente no pueden ser fabricados o creados de otra manera, es algo sumamente personal y único”, cuenta Viktor.

La evidencia está a la vista, el proceso creativo de estas obras no es sino una metáfora en sí misma. Cada trabajo es una pieza única que envuelve posibilidades infinitas, dudas e intrigas sobre las razones e inspiraciones del artista. “Creo que todas las obras tienen sus especificidades tanto como la audiencia misma. Cuando comencé a pintar, primero pensaba un tópico y un por qué para realizar lo que tenía en mente. Pero con el tiempo entendí que era una de las preguntas más difíciles de responder”, porque los motivos que lo llevan a crear son diversos y complejos y el mensaje a transmitir generalmente varía entre el pensamiento y la obra. Al respecto Viktor señala: “Hay muchas variantes para abordar cada tema y los resultados pueden ser de sorpresa o desilusión, no es algo que se puede resolver de antemano. Cuando me desilusiono de lo que obtuve, simplemente lo cancelo y vuelvo a empezar desde el inicio”.

La historia de la humanidad parece transcurrir para todos de ese modo, aquello que tantas veces meditamos, termina lejano en los resultados concretos y el arte es el fiel representante de que muchas ideas y bosquejos, son simplemente un disparador inicial para expandir una nueva intención. “Cuando considero que una de mis obras está terminada, me desborda un sentimiento de completitud inmediata. En cambio, cuando dudo mucho con una imagen, es lo que me da la pauta de que hay que seguir trabajando en ella porque no está cien por ciento terminada”, añade. Es quizás por esta razón que la obra de Viktor es tan variada. Cubos, personajes, guitarras con motivos cristianos e instalaciones en las que el arte conceptual pareciera alojarse de manera permanente, todo ante el cuestionamiento inicial y las dudas que lo llevan a crear, a despojarse sensatamente de lo que pensó transmitir para tener un mensaje nuevo.

Confrontando lo real

La esencia de cada personalidad se transporta al arte como una extensión de lo real. La cultura impacta en nuestro entorno para convidarnos la variedad de sus caminos posibles, limpios y libres o repletos de obstáculos. No existe artista que pueda evadir el mundo en el que nació o que eligió vivir, la sociedad que nos rodea nos brinda información, ideas y sensaciones que luego se transmiten con el tamiz de nuestra interpretación, pero está allí. “Yo pertenezco a la generación que experimentó y supo qué era el comunismo durante la época de la adolescencia. Aunque vivimos en los ‘90, una época en la que ya habían cesado algunas situaciones sociales, sin dudas me siento influenciado. Creo que todos de alguna manera fuimos afectados por esto a la hora de pensar el valor que podía tener sobre el arte”. Porque el contexto no se puede dejar de lado, y el arte que él conoció cuando joven es algo que para él: “todavía sigue siendo altamente considerado en la escena artística”.

Es como si el arte tuviera un peso histórico del que no puede despojarse. Un contexto que lo persigue hasta que llega el punto de explosión en el que sí o sí debe comunicar, y esto se refleja en todas sus obras, las cuales se completan con la visión del público, del espectador, de aquellos amantes del arte o teóricos que disfrutan de una obra compleja y completa. “Durante mucho tiempo puse en juego problemáticas sociales y el funcionamiento de algunas instituciones en mis obras, pero creo que el espectador de mis trabajos puede decir mucho más de cómo se ven determinadas cuestiones. A veces, uno no se da cuenta de lo evidente que puede ser el enfoque de un tema político o social expresado en un formato estético”.

“Creo que justamente es el momento en el que el arte construye críticamente cuestionamientos para atravesar las fronteras de ‘lo socialmente aceptado’. Me gusta confrontar estereotipos desde la utilización de símbolos y contextos que narren una historia diferente”, señala, Viktor Freso, quien está directamente involucrado y comprometido con una expresión artística que pone en discusión la necesidad de estetizar. Cuestiona modos tradicionales, para enfrentar tanto al espectador como al mercado del arte.

De tradiciones y mensajes creamos un mundo infinito de interpretaciones. Freso consigue derribar la mirada naturalizada de lo bello, para enfrentarse con la sociedad creando un nuevo sentido visual, en el cual logra explicar en base a cada espectador lo complejo de la realidad.

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