Irán | Artista Multidisciplinario | Pezhman

La pintura tras el objetivo

El agua, aquella sustancia etérea, que fluye y se mueve con delicadeza es uno de los temas de Pezhman, quien ha sido seducido por la fotografía. Esta seducción no es sólo por el hecho de capturar la realidad, sino por su capacidad de transformarla utilizando diferentes medios, y es así como crea esa pintura que ve a través del objetivo, del lente cada vez que se prepara para hacer click.

Tomadas de un imaginario único, las figuras que Pezhman captura con su cámara fotográfica parecieran ser antiguas, sacadas de un mundo lejano, que permanecen en el tiempo gracias a la voluntad del artista de inmortalizarla. Volátiles, incorpóreas, ligeras, sublimes, irreales, son todos sinónimos aplicables a su obra.

Pezhman nació en 1976, en Shiraz, en medio de Irán y sólo tenía tres años cuando se vio obligado a migrar junto a sus padres de esa tierra que se sumía en revolución, para viajar a la tierra prometida: Estados Unidos. Fue en ese país que Pezhman descubrió la pasión de su vida, la fotografía. “Recuerdo que a comienzos de los 80 mi padre compró su primera cámara. Yo quería aprender cómo funcionaba. Mi padre no tenía idea de cómo usarla así que cayó en mi regazo a una temprana edad”, cuenta el artista. Así fue como, a los 17 años y durante un viaje a través de Estados Unidos –lugar en donde actualmente lleva a cabo su trabajo–, descubrió que la fotografía era algo que quería hacer para toda la vida.

Sin embargo, la historia no termina ahí. Pezhman no se conformó sólo con sacar fotografías de aquellos paisajes que le llamaban la atención y que quería mostrar al resto del mundo. Primero procuraba llevar su cámara a cada una de sus travesías por Estados Unidos y Europa, en un impulso por registrar cada persona y lugar con el que se cruzaba pero, poco a poco, ese interés fue mutando hacia algo más, dándole un propósito. Porque cada vez que miraba por el objetivo no veía una copia de la realidad, sino que veía pinturas, obras de arte.

A partir de esas visiones, comenzó a hacer fotografías que mezclaba con diferentes medios –o mixed media–, texturas, colores, óleos, acrílicos, resina, para crear una imaginería única. Tal como señala el artista: “Siempre he estado fascinado con la cámara, con su capacidad de congelar el momento con el click de un botón. En todas mis series capturo el momento y luego cambio su realidad a través del color y la textura para expresar lo que tengo en mente. Cada vez que miro a través del lente veo una pintura y eso me inspira. Estoy motivado a capturar lo que veo desde mi perspectiva, con el tiempo precioso que se nos da en la tierra”.

Son diferentes series las que ha creado a partir de esta yuxtaposición de técnicas, que conducen a una exploración más profunda de lo que el artista ha querido mostrar y decir sobre la realidad, los paisajes, las formas, lo impalpable. “Trato de no mantenerme en un estilo o tema específico. No quiero sentir nunca que no puedo hacer algo que está fuera mi zona de confort. Pensar con originalidad es una parte de la pasión en mi arte”, afirma, y con esto confirma su necesidad de transformar constantemente. Sus creaciones tienen una atmósfera particular, imágenes sin tiempo, como si cada imagen llevara siglos guardada hasta este momento, en que se revela el tesoro.

Series en las que ha incorporado paisajes –como en Iceland, en la que capturó imágenes de un paisaje intacto, que parece ser de otro planeta–, imágenes en blanco y negro, en sepia, color y mixed media –aquellas que han sido mediadas, en ese juego de técnicas y recursos– y que recrean cada una de las obsesiones que Pezhman retrata con su cámara a cuestas.

Fotografía etérea

Esa suave fluidez del movimiento bajo el agua es capturada a través de una obturación de lenta velocidad, controlada por Pezhman, para captar el desplazamiento y lograr trasmitir emociones, “con un flujo continuo, aun pareciendo atrapado en el tiempo, para que el espectador las experimente más a fondo. En última instancia, crea una sensación de serenidad a través de las obras terminadas”, según explica el artista. Figuras sin rostro que se deslizan con delicadeza en esa sustancia que disminuye la gravedad y que hace parecer que los cuerpos se escurren, vuelan, se mueven con esa serenidad que es transmitida por la obra, con el prodigio de una composición bien lograda.

“Me encanta el flujo etéreo del agua como tema. Hay tantas pequeñas cosas que suceden cuando rebota la luz fuera del agua en varios ángulos. He creado la serie Aqueous para proyectar las mismas cualidades y con ellos lograr una estética pictórica”. Así, gracias al uso del cuerpo humano en aquellas formas que sólo puede adoptar gracias a la consistencia del agua y vestimentas volátiles conjugadas con los reflejos de luz, es como la figura se vuelve parte de un paisaje intervenido, para crear la pintura de la imagen capturada.

Como sacadas de un mundo de ensueño, las fotografías de Pezhman se pueden leer como pequeños relatos en los que se cuenta la historia de un deseo, de un acto inocente o sensual, de personajes que huyen o se esconden, historias que fluyen en nuestra imaginación junto a esos cuerpos sumergidos en el agua. Porque la fotografía, esa magia de la aprehensión, nos entrega la posibilidad de la fantasía, de imaginar qué es lo que pasó delante del objetivo para que ese cuerpo, ese vestido, o para que esa luz tomara aquella forma.

Capturar, manipular, recrear y sobre todo pintar, pero también comunicar una sensación y provocar emociones, son las grandes pasiones de Pezhman, y que hacen que sus imágenes se transformen en una travesía por la fantasía, la ensoñación, el misticismo y el pasado, aunque sus fotografías hayan sido tomadas en este siglo y no en el anterior.

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