Fernando Molero | “Ser pintor es ser un artista rebelde”

Por Esther Fernández Sanchez / Andalucía de Museos y Exposiciones

http://www.andaluciademuseos.es/

El artista granaino Fernando Molero irrumpe en el panorama artístico contemporáneo con fuerza, ofreciendo su particular visión del mundo. Sus obras destilan vitalidad, luminosidad y energía, penetrando en el interior de quienes se detienen a observarla.

¿En qué momento decidiste dedicarte al arte? ¿Qué te impulsó a ello?

No existe ese momento. No hay una etapa, un año, un día o una franja fronteriza en mi vida en la que pueda decir que a partir de un momento dado decidí dedicarme a esta disciplina. Te diré que desde mi niñez ya veía el mundo a través del dibujo o de la pintura y ya entonces recuerdo muy bien que sentía un placer mágico y una loca inclinación por cualquier manifestación artística. Si hablamos a nivel profesional, fue a principios de los años noventa cuando me planteé que del arte es de lo que quería vivir y que me lo jugaría todo hasta el final incluso a cualquier precio.

Actualmente resides en Barcelona y formas parte del elenco de artistas de Galería Alonso Vidal. ¿Cómo está transcurriendo tu estancia en la ciudad condal?

Si, resido en Barcelona y paso temporadas en Nueva York. Barcelona, si no tienes que procurarte las habichuelas de la cultura, sigue teniendo una calidad de vida maravillosa a pesar de que se ha recortado brutalmente el espacio para el ciudadano en favor del descontrolado turismo masivo que vive esta ciudad. Lamentablemente las Galerías de Arte están desapareciendo casi todas. Ojalá algún día se atienda al panorama artístico. Que alguien como Alonso Vidal con tantos años sumergido en el mundo del mercado del arte siga en la brecha, ilusionado y con ideas de mejorar más aún su galería y también sus propuestas expositivas me parece muy meritorio. Se merece lo mejor porque es un ser entrañable y muy profesional. Estoy encantado de ser parte de la Galería Alonso Vidal.

© Fernando Molero
© Fernando Molero

Tu trayectoria artística está entre dos continentes: América y Europa ¿Qué nos podrías contar sobre ello?

Bueno, habría que aclarar primero que me hizo abandonar Barcelona. Inevitablemente al vivir en una atmósfera artística tan mediocre y deprimente, mi trabajo tenía una sobresaturación de acentos sombríos que revelaban con enorme fuerza, el dramatismo, abandono y soledad que padecíamos muchísimos artistas ante las consecuencias negativas de no provenir de alguna de las gazmoñas (por supuesto no todas lo son) familias de bien de Barcelona. Simplemente, si no eras un “Pijo Bohemio” tenías que encomendarte a la Virgen de los Milagros para tirar adelante. Hablo de Barcelona pero esta situación es extensible al resto del país (nada ha cambiado). Sin duda Nueva York era el escenario más fresco y desafiante para reinventarme y llevar adelante una nueva vida y una nueva aventura estética.

El primer recuerdo que me viene a la cabeza es la alegría incontrolable que se apoderó de mi por conseguir alquilar un loft en 1996 en DUMBO Brooklyn gracias a la recomendación de mi buen amigo Pep Gay, y justo el primer día de habitar en dicho loft todo comenzó mal y se rebeló Nueva York con toda su crueldad contra mí y me puso contra la pared. Empecé rápido a comprender que había aterrizado en un lugar que para un tío sin pasta como yo aquello no era una ganga psicológica, poco después me trasladé a vivir al hoy tan hipster barrio de Williamsburg que por aquel entonces era un lugar devastado a nivel urbano y con un perfil social peligroso pero con una energía mágica y contagiosa que hizo que conociera a amigos que hoy ya trascienden la amistad y somos una familia.

Mi primeros dos años trabajé de busboy, lavaplatos, limpia pisos, albañil, camarero en un restaurante italiano, hacia y vendía figuras con globos en Central Park y Coney Island. También hice ilustraciones para algunas revistas y para The New York Times. Siempre encontré tiempo para estudiar el idioma del país, pintar y negociar con mi inglés de Costa Brava con las galerías, los buenos resultados de mi lucha fueron muy excitantes porque mis primeras dos exposiciones ocurrieron durante mi primer año y medio, una de estas muestras fue en la legendaria Galería de la 57 Street, la Associated American Artists, una exposición de la que se encargó el crítico y comisario de arte Christian Viveros-Fauné.

El pulso apocalíptico de Nueva York me transmitió un entusiasmo artístico hasta entonces inimaginable que provocó que corriera encantado cada día al estudio a pintar de manera compulsiva. Jamás hubiera pintado como pinto si no me hubiera abandonado Barcelona. Definitivamente en Nueva York logré una nueva identidad no solo como artista también como persona.

Dos son los elementos protagonistas en tus obras: luz y color. ¿Tiene un por qué?

Permíteme que haga alusión a alguno de los rasgos más notorios de mi planteamiento estético: contornos netos, luz, economía formal, nitidez e intensidad cromática. Observarás que en algunos de mis últimos trabajos, como por ejemplo Invoking Ikaria, Liliana, Haber estado allí lo es todo o Fly me to the Moon, he conseguido una atmósfera pura con la superposición estructural de elementos cuyos centros de luz demuestran, con la ayuda de un color intensamente luminoso, la claridad gradual y la fuerza de dispersión energética de cada calidad cromática. Por último decir que, a nivel de contenido la temática de mi obra es fundamentales autobiográfica, donde la espiritualidad y la vida vívida juegan un papel decisivo.

© Fernando Molero
© Fernando Molero

Hace muy poco has formado parte del jurado del premio Premi de pintura de Centelles, ¿cómo ha sido estar al otro lado?

Ser miembro de un premio de pintura es siempre una experiencia hermosa y gratificante, aunque no deja de existir esa pequeñita incomodidad de sentirte responsable de que piezas que han sido rechazadas son según mi criterio de mejor calidad que otras que, sin embargo, sí han sido aceptadas, pero esto no es cosa de uno y el consenso es el consenso, hay que respetarlo porque además es la manera más justa de evaluar y decidir quién será el ganador. La anécdota chistosa del día fue que una vez deliberamos y decidimos quién se merecía el premio procedimos a saber su identidad y, como no podía ser de otra forma, se trataba de un pintor que, al igual que yo, es “granaino” se llama Eugenio Ocaña y yo aposté por el como ganador desde el principio, esa coincidencia de paisanaje e inclinación por mi parte hacia su pintura provocó los chistes de turno de mis compañeros.

Ser pintor actualmente es muy arriesgado/radical, ¿qué mecanismos desencadena en el ser humano la pintura, el contacto con el pigmento, el contacto con la materia, los líquidos…?

Bueno, ser pintor es ser un artista rebelde pero solo comparativamente, porque supongo que te refieres a que el acto pintar se ha convertido en un acto contracorriente y arriesgado porque el mercado con sus tretas ha decidido con total descaro cosificar el arte y convertir los objetos kistch en mercadería de lujo y llamar a eso arte, además de transformar a “payasos” en artistas muy cotizados y que toda esta ridiculez junta se ha impuesto sin resistencia en el mercado. Pero permíteme decirte algo: para saber de la salud de la pintura en el mundo del arte solo hay que echar una ojeada al enorme reconocimiento internacional de pintores como Anselm Kiefer, Peter Doig, Gerard Richter, Luc Tuymans o Neo Rauch, solo por nombrar algunos, y enormes pintores urbanos como el celebradisimo Banksy , Blu o la maravillosa Hyuro. En mi caso en el momento que entro en el estudio empieza ya a olerse la creación. Se acerca el inigualable acto de pintar. Entonces comienzan a trabajar los sentidos. El olor y visión a aguarrás, oleo, aceites, pigmentos etc. Provoca en mí la ilusión de empezar a alumbrar con mis manos un nuevo mundo, para mí la pintura siempre es la forma de arte más elevada.

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