La Menesunda: Cincuenta Años Después

Te contamos cómo es la exposición La Menesunda, ideada por los artistas Marta Minujín y Rubén Santantonín a mediados de los años sesenta, que ha sido recreada en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Por Ayelen Pagnanelli / Argentina.

Imágenes cortesía del Museo de Arte Moderno.

La Menesunda, obra mítica de la historia del arte argentino, hija del espíritu audaz de mediados de los años sesenta se encuentra de nuevo abierta al público en Buenos Aires. Ideada por Marta Minujín (1943) y Rubén Santantonín (1919-1969), fue ejecutada junto a los artistas David Lamelas, Pablo Suarez, Leopoldo Maler, Rodolfo Prayón y Floreal Amor con la intención de generar una obra de arte que en vez de ser vista, tuviese que ser vivida. La ambientación original fue exhibida en el Instituto Di Tella en 1965 durante quince días y luego fue destruida. El equipo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires realizó un intenso trabajo de reconstrucción para reproducir las dimensiones y la experiencia de la obra a partir de fotografías, documentos de la época y la memoria de Minujín.

Marta Minujín y Rubén Santantonín en el ingreso de La Menesunda. Registro fotográfico de La Menesunda, mayo de 1965, Instituto Torcuato Di Tella. Archivo Marta Minujín.
Marta Minujín y Rubén Santantonín en el ingreso de La Menesunda. Registro fotográfico de La Menesunda, mayo de 1965, Instituto Torcuato Di Tella. Archivo Marta Minujín.

La obra consiste en un recorrido laberíntico de espacios, algunos incluso ambientados con actores y actrices. Primero subimos por una pequeña escalera y al llegar a un entrepiso nos vemos en un televisor en blanco y negro de los años sesenta que el museo adquirió especialmente. Al bajar unas estrechas escaleras nos topamos frente a frente con una pareja en piyama conversando en un dormitorio. Salimos y estamos en un túnel cuyas paredes están repletas de luces de neón.

La Menesunda, mayo de 1965, Instituto Torcuato Di Tella, cortesía Archivo Marta Minujín.
La Menesunda, mayo de 1965, Instituto Torcuato Di Tella, cortesía Archivo Marta Minujín.

Luego llegamos a una habitación toda rosada que, según Minujín, representa la cabeza de las mujeres de la época. Las paredes están cubiertas de objetos de belleza y de cajas de una marca de cosméticos que ya no existe, y que fueron reimpresas a pedido exclusivo del museo. Allí dos muchachas nos preguntan si queremos un masaje o maquillarnos. Aunque hubiésemos querido ser simples espectadores, en esta sala nos convertimos definitivamente en parte de La Menesunda.

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Uno de los espacios que confirma por qué no está recomendado que quienes sufren de claustrofobia ingresen a la muestra es un pasadizo que se vuelve más y más estrecho a cada paso. Está cubierto de varias decenas de metros de cilindros de poliestireno rosa que cuelgan entre las paredes; no es casual que el espacio se llame intestinos. En medio de otro pasillo con piso acolchonado y paredes llenas de pedacitos de goma espuma, un ojo atento notará dos orificios por donde se puede echar un vistazo a la gigante escultura de la cabeza de una mujer.

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En otra sala tenemos que adivinar una clave numérica para pasar al siguiente espacio. Al conseguirlo, vemos la puerta de una heladera. La abrimos y entramos en una cámara de frío, aunque quizá el frío sea imaginario. Para llegar al último ambiente debemos atravesar lo que Minujín llamó un “mar de texturas”, donde desde el techo caen cilindros de distintas telas que se deben mover para hacerse paso. La habitación final es octogonal y está cubierta de piso a techo con espejos. En el centro hay una plataforma vidriada donde entra una persona. Al entrar se apagan las luces, los ventiladores en el piso empiezan a girar y todo se vuelve una fiesta de papel picado volando por el aire. Una fiesta que celebra el fin del recorrido.

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Una vez afuera, un asistente aconseja sacarse el papel picado del pelo y de la ropa antes de ingresar ahora sí, a una sala convencional. Contiene algunas imágenes documentales, un plano de la obra, información sobre cómo fue el proceso de reconstrucción y un video sobre la reacción de visitantes en la muestra de 1965. Después de cincuenta años de aquella experiencia, podemos ver la misma vorágine de colores y sensaciones que nos invitan a ser voyeurs, participantes y disfrutar de esa jungla de sensaciones que es La Menesunda.

La exhibición seguirá abierta de martes a domingos de 12hs a 18hs hasta el 28 de febrero en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Av. San Juan 350, CABA, Argentina.

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