Chile | Pintura | Catalina Prado

De la parte al todo

Catalina Prado ha dedicado su vida a mezclar imágenes que sugieren estar dentro de un espacio limitante, inmaculado por el arte. En él, se unen para que gesten un diálogo que mientras avanza se revela como verdadero agente de sentido particulado y, una vez juntas, forman una historia.

Gente, animales. Tránsitos vinculantes entre la realidad y la ficción. Ambientes recreados a partir del color que enfatiza, afecta y permea. La dimensionalidad, el espacio y la locación crean un diálogo que trasciende al mero interior de la obra y se vincula con la serie, con una práctica continua y versátil, que indaga en múltiples formatos y se nutre de distintos soportes.

La geometría y la ficción enmarcan los espacios creados y el tenor del relato, mientras acompañan una fiesta figurativa que se enreda y desenreda en detalles y motivos que ceden al espectador la tarea de la interpretación. “Me parece interesante y divertido a la vez ver qué pasa cuando el espectador se acerca a mirar lo que los personajes están mirando. Cada uno verá lo que quiere ver”, relata la artista chilena a propósito de uno de sus trabajos en el que la mirada de sus protagonistas se posa en un punto, prácticamente indivisible, cuya composición se presta para ser cambiante, una paradoja.

Todo se inicia con la intención y el color que la describe y traza sobre el lienzo. Las imágenes que se posarán sobre la escena se prestan para componerla despojadas de su contexto, para crear nuevas historias, para protagonizar un mensaje diferente. El trabajo de Catalina se nutre de la posibilidad de ir variando y dotándose de imágenes y formatos distintos en los que plasmar un mensaje que fluctúe en la mente de las personas y vaya abriendo espacios, tanto en su mente como en la del resto. “La obra debe estar viva y eso implica que se le debe inyectar una buena dosis de angustia de no saber si funciona”, explica respecto de la magia en la que el proceso comienza y luego busca terminar, quizás en ella, quizás en otros.

Hoy trabaja en una exposición que decidió hacer en formato pequeño y alargado. Una de sus obras está compuesta por tres secciones dialogantes, donde cada una tiene un personaje que observa un punto, ubicado en la parte central del trabajo. Tres locaciones y un solo punto de vista contenido justo en la parte central de la trilogía. Pequeño, casi imperceptible, al cual admiran tanto los protagonistas de la obra como quienes la observan. “Cuando alguien en la calle se queda mirando un punto fijo, quienes pasan por su lado, se quedan mirando –casi como en un acto de reflejo– el lugar donde esta persona está mirando, tratando de ver lo que le llama tanto la atención”, describe la artista de este aspecto curioso del ser humano, concepto que intentará abarcar en su próxima exposición.

Entonces se consigue, en la percepción, aunar sentido y conceptos, reunir imágenes sobrepuestas en un trabajo que bordea los fundamentos del collage. La tarea de enlazar cabos recae en el tercero que interpreta, que recibe el estímulo a través de múltiples figuras e imágenes y construye conclusiones, descubriendo en ellas nuevos pensamientos a partir de esta nueva disposición. “La historia se arma cuando encuentro imágenes diversas que, por alguna razón que desconozco, se fijan en mi mente. Es como si las imágenes me encontraran a mí”, explica Catalina respecto de la cronología de una obra. Viene luego de la selección, el proceso en el que se posan sobre el diálogo y comienzan la transferencia de información y dotación de sentido. Éste es un elemento especial dentro del trazado, puesto que ella reconoce que las imágenes siempre le sugieren algo, aunque no todas las veces puede identificar lo que es, antes de ponerlas sobre el juego. ”Cuando logro entender que es lo que estoy haciendo se produce una euforia máxima dentro de mí, de ahí en adelante, sólo restan unos toques para redondear”, cuenta la artista.

De la cabeza al lienzo…

Roles del color, la figura humana y espacio…
El color es primero, es lo que cobija y determina el tono de la historia que voy a contar. Luego viene el paisaje. Creo un escenario que visitarán mis personajes y en donde se desarrollará la trama. A veces el escenario actúa únicamente como telón de fondo, pero otras, se me hace necesario que aparezca como una acotación al margen, lo que el personaje principal opina o piensa.

Relación entre naturaleza y geometría…
Los elementos geométricos actúan de diversas maneras en mi trabajo. A veces son un personaje más. Otras, sirven para guiar la mirada hacia algún detalle en específico; o bien, sirven de habitáculo para los actores. Su misión es infinita, lo uso mucho para hacer el contrapunto con lo más rítmico y suelto de las pinceladas. Me parece que estos dos recursos se potencian y se hacen brillar mutuamente.

Juego entre la dimensionalidad y la realidad…
Me interesa ser versátil a la hora de pintar. Hago trabajos enormes y también miniaturas, sobre todo, selecciono soportes que me puedan plantear un desafío en lo creativo y en la factura. Aprendo haciendo y arranco a los resultados seguros, partes de lo que ya sé conseguir.

Intervención de la ficción en la comunicación entre tus obras y series…
Comienzo pensando que hago ficción porque relaciono imágenes que, a simple vista, no tienen nada que ver, o que no tienen lógica aparente al estar juntas en un relato. Luego, si he estado alerta en el proceso –y las musas me han acompañado– al terminar comprendo que sí se relacionan y funcionan como las metáforas en la poesía: juntas detonan un nuevo significado más allá de lo que está pintado. Eso pasa poco, pero cuando pasa renuevo mis votos de pintora.

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Natalia Vidal Toutin

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