Chile | Instalación | Alejandro Leonhardt

Poéticas de la cotidianeidad

“Su ojo abierto, su oído preparado, buscan otra cosa distinta a la que la muchedumbre viene a ver…”, así comenzaba la definición de flanêur en El libro de los pasajes de Walter Benjamin.

En nuestra contemporaneidad se hace evidente que la visión de los que nos rodean se vuelve tan naturalizada que nos impide ver más allá de los meros objetos en su utilidad, Alejandro Leonhardt al igual que un flanêur nos muestra otra percepción en sus construcciones poéticas de la realidad.

Considero conveniente hablar de nosotros, público, como espectadores modernos. A partir de esto no nos resulta extraño que en nuestro día a día, en nuestro transitar cotidiano, mucho de lo que nos rodea nos pase desapercibido. Naturalizamos recorridos y trayectos, no hay tiempo para detenimientos, la vorágine en la que estamos inmersos nos vuelve autómatas, los no-lugares de los que habla Augè están más presentes que nunca.

En este sentido la figura de un flanêur, que actúa de manera casi detectivesca como un investigador de rastros e indicios, nos rescata de la alienación de la que formamos parte todos aquellos que vivimos en el espacio de lo urbano. En el texto de Benjamin se pueden observar varias interpretaciones acerca de lo que es un flanêur. Yo prefiero utilizar el término para definir a Alejandro Leonhardt como un deambulador que recolecta trozos de realidades que a nosotros, espectadores urbanos alienados, nos resultan como una yuxtaposición de utilidades disímiles. Leonhardt nos trae otras posibilidades de pensamiento donde los espacios de libertad se pueden hallar desde nuestra cotidianeidad, hasta en lo más insignificante; mientras está cargado de sentido y emocionalidad lo inestable se vuelve disparador, y el contraste un continuo hallazgo de belleza.

“Mi trabajo deambula entre referencias propias de las artes y de la vida cotidiana. Pero desde hace un tiempo he optado por privilegiar estas últimas, ya que a mi parecer, su potencial poético es significativamente más enriquecedor”, comenta el artista. Desde este punto de vista no es casual que el artista elija la instalación como el soporte para sus obras, en donde los objetos son descontextualizados e interpelan al espectador. Esta interpelación desestructura, ya que en sus espacios originales o primigenios tales objetos eran simplemente ignorados. Consolidando una nueva construcción de sentido y es aquí en donde entra en juego una suerte de yuxtaposición de estética y concepto, a la que el artista se refiere de la siguiente manera: “…el sentido estético y el conceptual los visualizo como engranajes cuya singularidad está dada por la fricción entre ambos. La energía que de ello generan podría entenderse como obra”.

Lo inesperado y desestabilizador es el motor de nuevos discursos, “cada objeto guarda un mensaje como material significante”, según comenta. Y cada uno en sí mismo, al vincularse o tener interacción con otro, genera una nueva transformación que puede ser leída como un nuevo comienzo.

En Junta de vecinos, el artista agrupa 42 fragmentos de pintura removida de las fachadas de viviendas, recolectados en el perímetro de una cuadra a la redonda en un barrio de Santiago. En un primer vistazo la obra me recuerda a los catálogos de colores de las pinturerías, sin embargo al observarla en sus detalles, cada pequeño fragmento guarda en sí una singularidad que lo vuelve único como una huella digital. Lo transitorio se representa en el paso del tiempo que, inexorable, se muestra en algunos casos en capas y capas de pintura, en texturas y descascaramientos, en sutilezas y desbordes, análogos si se quiere a los huéspedes que en ellos anidan. Son huellas, registros de humanidad y existencia, como una metáfora de lo finitos que somos, el tiempo lo destruye todo.

En cambio en su instalación Situaciones reales de consecuencias imaginarias, el artista va a trabajar desde la abstracción de los objetos, el concepto de la violencia, no desde una definición como él lo comenta; sino desde la colonización de un material que invade pesadamente y permanentemente a otro. Aquí particularmente la materialidad es la que entra en juego para definir contrastes y relatos, vemos una persiana americana incrustada sobre un soporte de cemento, el cemento ha invadido la materialidad de la persiana, a su vez un cajón de bebidas es atravesado por una pesa y está relleno de cemento también, otro objeto es bañado por una especie de resina o polímero rígido, “ahogando” la materialidad originaria del objeto colonizado. Utilizo el término colonizado desde un aspecto de sustitución e imposición violenta y desde esta lectura puedo percibir ese grado de violencia. Ya no desde lo dado por los medios masivos de comunicación sino desde la metáfora en la yuxtaposición agresiva de materiales opuestos, en la que la materialidad invadida se vuelve frágil y acorralada.

En otro orden su obra Mancha de limpieza para ácaros vanidosos, recuerda al informalismo latinoamericano de la mano de Alberto Greco, en donde la idea del flanêur se hace patente en el deambular cotidiano que conlleva al descubrimiento o hallazgo de algo hermoso, o bien del indicio de una nueva posibilidad estética y conceptual. En ambos ejemplos la materialidad es atravesada por el tiempo que representa lo inexorable de la existencia humana –en Leonhardt el objeto en cuestión es una alfombra que encuentra en la oficina de su galerista. En este caso el objeto en cuestión es intervenido por el artista, quien desgarra una parte del mismo. La alfombra se exhibe colgada con su suciedad enclavada en el muro, el pedazo faltante se encuentra en el suelo, pero a diferencia de su contraparte, este se encuentra limpio evidenciando el color de los días que vieron nacer a tal objeto, guardando estrecha relación con el título de dicha obra, en donde la ironía y el sarcasmo también forman parte del discurso del artista.

Leonhardt presenta espacios de libertad, donde el detenimiento es el disparador para descubrir aquello que nuestra contemporaneidad nos mantiene velados como espectadores apresurados en la alienación de nuestra propia urbanidad.

Luciana Acuña
Luciana Acuña