Chile | Dibujo | Norka Lepileo

Trazos de fantasía

Las líneas que dan forma a los dibujos de Norka están llenas de emociones y expresividad, dando vida a seres que, con sus posturas y gestos, revelan la ambigüedad de un mundo imaginario. Soñar y salir de sí misma para contar historias.

Una pupila, que no es cualquier pupila. De doble iris, uno rojo y el otro lila. Son los ojos de uno de los personajes que forman parte de un mundo que rebosa de peculiares características: ojos enormes y expresivos, pequeños cuernos, narices filudas y colas. Todos están hechos con trazos finos que delimitan las figuras delgadas y amorfas de estos dibujos sacados de un imaginario único que, a través de sus expresiones, aspecto y postura, cuentan historias. Porque para Norka Lepileo, todo se trata de contar historias y así mostrar lo ambiguo de la realidad a través de la fantasía.

El sueño y la imaginación son los componentes perfectos para configurar la estética de esta dibujante, que oscila entre la ternura y lo sombrío, tal como ocurriría al ver una película o las mismas ilustraciones de Tim Burton: líneas que juegan con lo espeluznante y la expresividad. Una estética que la artista define como un mundo imaginario, el cual se escapa de los límites de la realidad y juega con las malformaciones y las miradas tristes, para darles un giro y convertirlos en una expresión pura: dolor, sorpresa, sopor, horror o la más simple alegría. Y es que, para Norka, el arte no es sólo una imagen bonita o fea, el arte debe conmover al espectador que se acerca para apreciarla, sentirla y analizar cada trazo o color que el artista elige para lograr una obra completa.

Ilustración y expresividad

Para esta ilustradora, de 25 años y licenciada en Artes Visuales de la Universidad Católica de Temuco, los detalles y la disparidad son esenciales al momento de sentarse a dibujar y retratar la ambigüedad del mundo, tanto su belleza como su fealdad: “Es tan simple como complejo, así como hermoso y cruel. Pero tiene sus pistas, se puede buscar sentido y sobre todo color”, explica sobre su búsqueda estética que la conecta con sus propias emociones y que plasma en cada uno de sus dibujos.

Una vez que terminó su carrera, Norka miró hacia atrás y vio todos los intentos que había hecho para dedicarse a la pintura y la fotografía, sin embargo, ninguna de ellas la satisfacían. Entonces, con tan sólo echar un vistazo a sus cuadernos se dio cuenta de lo que podía hacer con esos miles de garabatos y “monitos locos” –como ella los nombra–, que había hecho en sus momentos de ocio, eran aquello que quería hacer: “Cuando finalmente tuve un set de lápices de colores, no pude detenerme. La ilustración se conecta bien conmigo, con mi afición por el dibujo y con mi gusto por las historias”, señala Norka.

Estuvo ahí todo el tiempo, latiendo bajo su mano, señalando cada trazo pero sin que ella sea capaz de percibirlo. Quizás el arte va más allá de esa comunicación intencional y se relaciona directamente con esa capacidad del artista para mostrar o develar su inconsciente, en una forma natural y que la rodea en todo momento. Aquellos dibujos soñados que tanto pensó hasta tomar consciencia de ellos.

Y ahora, que es mucho más que un pasatiempo, en cualquier momento puede asaltar el deseo de plasmar esas escenas que invaden su cabeza. Por eso prefiere los formatos pequeños, ya que es parte fundamental de su trabajo poder sentarse a dibujar –y a escribir– donde sea. “A veces las ideas surgen en cualquier lugar, por eso es necesario tener un bolígrafo en todo momento”, ya que es ese deseo incesante de vivir su arte de forma espontánea se ha convertido en su estilo de vida. Porque cualquier momento es perfecto para salir de sí misma y soñar.

Norka define sus creaciones como seres aparentemente frágiles, en los cuales intenta combinar la inocencia y el amor, lo divertido y lo humorístico, así como la soledad, la ironía o incluso lo patético. Cada uno relata experiencias por medio de su semblante, la postura, los detalles, gestos y cualidades dispares.

Tal como ocurriría en un libro de ilustraciones de Alicia en el País de las Maravillas, Peter Pan, o Los Miserables –algunos de sus libros favoritos–, sus pequeños seres no superan la fragilidad de la pubertad y los dilemas propios de esa etapa: insensibles a los problemas de la realidad, parecen perturbados o afectados por asuntos que se encuentran fuera de esta esfera.

Algunas de las texturas y tonalidades que Norka utiliza en sus trabajos son extraídas de los diferentes paisajes que va descubriendo en Temuco, región de La Araucanía, lugar en donde vive. “Me gusta integrar la naturaleza a mi trabajo como parte de la vida y cuerpo de mis personajes, ya que es parte de mi vida también”, cuenta la artista.

Entonces, no es coincidencia notar que sus ilustraciones rebosan vida natural, ya que toda su vida ha estado rodeada de paisajes sureños, árboles, lluvia y cerros que salen a la luz como parte de su paleta de colores y su particular estética: bosques sacados de un paisaje invernal, cielos estrellados, o sinuosas ramas que salen de los cuerpos de sus personajes como si fueran extremidades. Porque todo puede servir para dar vida a sus excéntricos seres.

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