Eslovaquia | Fotografía | Evelyn Bencicova

Componiendo con piel

Del cuerpo no podemos despegarnos, está siempre, desde la consciencia hasta el fin. Puede mutar, cambiar, crecer, engordar, adelgazar, mantenerse firme y ser un reflejo de nuestra personalidad, o no. El cuerpo es la base donde alojamos, es la morada platónica que nos limita a conocer la idea de Bien y aquel mundo superior del que filósofo hablaba.

Esta cárcel es el motivo central para Evelyn Bencicova, pero desde la humanidad, desde la piel, desde la superficie. Una manera de desarrollar los conceptos que vienen desde la idea hasta llegar a la impresión de aquella fotografía que se origina a partir de una composición. Como si los cuerpos fueran notas musicales y ella la directora de una bella orquesta, la armonía se hace presente en sus retratos, en sus imágenes y en sus borradores que son la esencia de su creación. “Debe haber una idea al comienzo, pero se debe desarrollar en todo el proceso de creación. No me gusta empezar con la idea terminada y realmente prefiero ser más abierta y flexible”, comenta la fotógrafa.

Así, desde la idea hasta el fin, el proceso creativo culmina en la mirada de la artista que dirige y selecciona los cuerpos a retratar. Porque del boceto a la obra final hay varios pasos, la idea, el diagrama, la forma, la selección de cuerpos, la puesta en escena y la edición para lograr la imagen final, en la cual los actores son fundamentales. Para esto, Evelyn debe seleccionar a las modelos, y lo hace en base  a sus personalidades, no a su figura o a lo que representen. “Prefiero trabajar con personalidades fuertes, que tengan una historia interesante. Siempre es mejor cuando las modelos conocen mi fotografía –señala–. No es fácil acceder a personas que asuman roles de necesitados, para entender el papel que están haciendo y que sean capaces de vencer sus propios egos, pero creo que esta es una de mis fortalezas. La conexión y comunicación con las modelos es crucial en mis proyectos. Sin esta increíble gente, y su gran voluntad para ayudar y participar no podría tomar una sola fotografía” .

Pero dentro de la composición viene la duda y la teoría, vienen las razones que motivan a los artistas para trabajar distintas temáticas y la evolución que toda persona tiene en su carrera. Evelyn partió trabajando con el rostro, con los retratos como eje central de su obra, porque “es el medio más fácil a trabajar para mostrar emociones, pero entonces se convierte en algo muy directo y conectado con la persona en particular. Así, busqué algo más y traté de usar el cuerpo, evitando el rostro”, señala. El cuerpo, entonces, se convirtió en su forma predilecta de comunicar, de expresar, llevándola a trabajar con dos conceptos diferentes en cuanto a la forma en que conjuga sus obras. “Uno es más personal, trabajar con retratos, donde tengo una comunicación mucho más personal con las modelos y su esfera íntima; la otra son las grandes escenas, que requieren un montaje mucho más intenso con todo el set y una atención mucho menor en los individuos. Me gusta moverme entre estos dos formatos, intentando lograr el equilibrio adecuado”, señala la artista.

La textura más hermosa

Su fotografía destaca por los colores pálidos, por los cuerpos extremadamente blancos, delgados o gordos. Por las modelos con animales muertos encima y las miradas sin ojos, sin pupilas. Por aquellas composiciones donde el cuerpo pareciera ser uno solo, cuando en realidad son diez o veinte. El desnudo es parte del imaginario de la artista, pues la piel es la mejor textura para trabajar. La piel se ve en sus fotografías como si fuera de plástico, de loza, una superficie a desgarrar y a trabajar intensamente.

Como ella señala, su obra puede dividirse en dos, quizás en tres: los retratos, donde pequeñas figuras u ornamentos decoran el cuerpo y el pelo de las modelos que miran a la cámara, que miran el suelo, que no miran y que se pierden entre los pálidos colores de este antiguo arte que busca mostrar la primacía del individuo.

Luego, las composiciones con pocos cuerpos y sin rostros. Dos cuerpos que se acompañan, que se abrazan, que recurren al otro como si fueran uno en un afán por romperse, por unirse, por no volver a separarse de la piel del compañero que está embalsamado o flotando, peleando o amando, da igual, pues para Evelyn “en lo natural, en la humanidad, en estos casos de desnudos no hay mensajes eróticos”.

Y un tercero, basado en la armonía de la composición, donde los cuerpos, como los instrumentos, se reúnen en una escena para armar la mejor melodía, para eliminar los rostros y la expresión corporal individual situando la serialidad, a las piernas y a los brazos como objetos a colocar en cualquier espacio. Cuerpos muertos que no requieren más compañía, en los cuales la vida pareciera haberse agotado, en los que la morada eterna que nos sigue y persigue hasta el final de los tiempos ya ha caducado sin mencionar cómo, sin un golpe, sin daños, en desolación. Es aquí donde la historia sale a flote recordando la muerte en serie por aquella brutalidad acontecida en el siglo XX, en todas partes. Es acá donde su obra adquiere una profundidad que se sale de la belleza para adentrarse en la crítica, en el reflejo, en el recuerdo de unos continentes y países que pudieron vivir distintos, quizás como aquellas modelos de los retratos individuales donde la expresión se compromete con el ser, donde la individualidad sin ser excesiva no anula a la persona y no la objetiviza para matarla.

Desde el boceto hasta la piel de cada modelo, desde los retratos hasta las composiciones, Bencicova logra satisfacer la retina y, además, al teórico crítico que busca un cuestionamiento del mundo, a través de una fotografía compleja en su montaje y cruda en su término.

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