Chile | Artista Multidisciplinar | Juana Gómez

La raíz de los múltiples cruces

Bajo la fachada con la que se presenta el mundo existe una infinita red de canales. La naturaleza y el hombre funcionan por medio de flujos continuos. La chilena Juana Gómez ha estudiado las múltiples formas en que organismos y estructuras diferentes se tejen entre sí para formar algo mayor que los trasciende. Y el resultado de su trabajo muestra, en sus piezas de arte, la complejidad que ha alcanzado su búsqueda.

Una serie de dibujos y esquemas están dispersos sobre la mesa. Entonces todo empieza. “Al comienzo dibujo lo que visualizo, la escala en la que voy a trabajar, el órgano, el sistema o las estructuras que quiero bordar”, relata la artista chilena Juana Gómez de ese punto en donde brotan las primeras luces de una obra de arte que está por nacer. El concepto final se fotografía y se imprime en tela de algodón o lino, en la que está por surgir una red que busca respuestas, un canal que conecta argumentos y elementos que cohabitan en nuestro ecosistema y que guardan sigilosamente el secreto de la composición de los seres vitales que nos rodean.

“Empiezo a trabajar con libros de anatomía, varios a la vez, porque busco entender cómo se conecta nuestro organismo y eso, no está todo en un solo libro”, continúa la artista, bordando la narrativa y el perímetro de su trabajo. La intercomunicación, los vínculos, los nexos. La transmisión de información y la forma en que las funciones se complementan es su tema. La dependencia que crea una comunidad. “Una vez que tengo los órganos, los dibujo directamente sobre la foto impresa en la tela. Luego, escojo la paleta de color y comienzo el bordado. Es un proceso lento y, a veces, lleno de errores”, describe, hablando de la composición del armatoste que conduce esta lectura a la culminación de una nueva pieza.

Es un fluir de información, un sistema de ayuda, de procesos correlacionados y dependientes de los que emerge la creación o un proceso continuo. Entonces todo redunda en que la naturaleza cobija estas respuestas. El origen de macro estructuras que componen todo lo orgánico. La constitución del todo y las partes que se unen para formarlo están bajo la superficialidad. “Si sacamos esa primera capa de piel que nos deja tan uniformes como seres humanos, aparece la complejidad y la riqueza de nuestra estructura interna. Debajo de la piel es donde encontramos lo que nos hermana con los demás fenómenos del mundo”, reflexiona Juana, quien dedica su trabajo a mostrar aquellos flujos y nexos que nos integran y hacen ser. “No estoy hablando de una idea abstracta, sino de una constatación física: estamos internamente construidos de manera similar a las raíces de una planta, las rutas de tránsito de Internet, las corrientes marinas, las vetas en los minerales”, concluye, enfatizando la idea de un mundo de conexiones homogéneas, de composiciones que se fabrican a nuestro alrededor.

De la raíz a la rama

Tu trabajo parece mezclar lo orgánico y lo sensitivo. ¿Qué simbolizan y cómo nació la idea de crear este nexo?
La interconexión me parece el aspecto central de todas las cosas y su símbolo por antonomasia son las raíces y el árbol. Este diseño es el patrón que sostiene gran parte de lo que somos. Nuestro cuerpo está formado por la suma de estas filigranas que tienen su tronco central y se van haciendo cada vez más finas en la medida que llega a los extremos. Obedecemos a un diseño del que sólo somos una expresión más.

¿Cómo llegas a la conformación de las redes y a su término una vez que las has empezado?
Ninguna de mis obras está completa: el nivel de detalle al que se podría llegar es infinitamente mayor que el que puedo representar a través del bordado, pero hay un momento en que se alcanza a entrever esa complejidad. Es un punto justo, un momento donde la parte muestra el todo. Hay que dejar que la imagen vaya tomando su curso, que tenga su propia maduración y crecimiento. El modelo, de pronto, queda de lado y se empieza a ver a la obra en sí misma, como algo nuevo, con sus propios ritmos. A veces lo dejas de una noche a otra y es como si hubiera crecido en el intertanto, como si tuviera voluntad propia. Ahí sabes que no hay que volver a tocarlo.

¿Tiene tu obra la misión de graficar cómo dar sentido a una estructura y su funcionamiento?
Creo que mi trabajo habla de cosas que están tan en la base, que pasan desapercibidas. Sin embargo, acarreamos toda esta historia en los huesos. Estas mismas estructuras orgánicas están cobrando vida en la tecnología y afectando el comportamiento social de los seres humanos. La máquina humana, lo qué nos constituye como seres humanos supera el cuerpo físico, se está lentamente exteriorizando como una segunda piel que hoy cubre el planeta entero. Creo que mi trabajo también busca poner foco en uno de nuestros mayores puntos ciegos: el hecho de que esta experiencia y este cuerpo es finito.

Lo que exhibes en tus obras ¿es una réplica o reflejo de tu propio cuerpo?
He bordado casi la totalidad de esta serie sobre mi propio cuerpo. Trabajar con él me pareció más directo y sincero que trabajar con otra persona. Elegir una modelo implicaba una decisión, una discriminación, y no quería caer en juicios estéticos sino trabajar con lo que me tocó, con lo que soy. Enfrentar mi propia imagen ha sido un trabajo mucho más difícil, ya que me da un pudor enorme. Cuando empiezo a dibujar encima de mí, empiezo a verme como a un modelo de anatomía, algo muerto. Siempre había pensado que estaba lista para enfrentar la muerte, pero este trabajo me ha hecho sentir una mayor fragilidad. Ha hecho que mi propio cuerpo se haya hecho más presente, con sus fortalezas y fallas, y esa conciencia inevitablemente nos conecta con nuestro carácter finito y con el temor y la maravilla de la muerte.

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