Perú | Fotografía | Lorena Noblecilla

Romanticismo racional

Donde el romanticismo buscaba exaltar las emociones y la subjetividad, de la mano de la representación de una naturaleza exuberante, Noblecilla equilibra ese sentido dionisíaco en la yuxtaposición de formas geométricas puras y racionales, al igual que una barrera limitante.

lorena Noblecilla recibió formación plástica, aunque la fotografía es el medio elegido por excelencia dada la inmediatez del resultado, la artista me comenta: “esta forma me llega a los 17 años en un taller de laboratorio en blanco y negro, desde ese momento fue la manera de comunicar mis emociones”.

Paradojalmente sus paisajes puramente románticos, repletos de bosques y montañas, se encuentran intervenidos, “colonizados” es el término que utiliza la artista para representar una metáfora de la globalización (tengamos en cuenta que la artista retrata paisajes de diferentes latitudes) pero desde el sentido estético, ideológico y cultural según explica. Es en este punto donde entra en juego el conceptualismo antes que la composición estética, como una suerte de imposición, o bien de sincretismo de una cultura sobre otra. Es por esto que las formas euclidianas –presente en sus obras– son la representación de lo racional que contrarresta lo emocional, según Noblecilla: “lo matemático puro, lo utilizo como metáfora del control, de la conquista racional del espacio en oposición respecto de la naturaleza irracional, que a su vez está conteniendo, limitando sin dejar desbordar los distintos paisajes. La geometría opone barreras a la parte emotiva excesiva, la limita”.

El uso del color en la composición destaca ambos roles como para no dar lugar otras interpretaciones de contenido, para ello, Noblecilla se vale de la escala de grises destinada a la imagen del paisaje y de zonas de color en donde las figuras geométricas tienen protagonismo. Es en la conjugación de contrastes donde se representa esta exacerbación de límites fronterizos, como nuevos territorios, esa suerte de colonización de otra forma de pensamiento. Aunque de algún modo, desde mi punto de vista, esta resemantización del paisaje la vincule con los jardines barrocos, en el que el dominio del ser humano por sobre la naturaleza se veía representado en esos espacios racionalizados que tanto inspiraron a los paisajistas de Versalles, en donde se encarnaba el sometimiento de la vegetación, como el arte de ordenar la naturaleza según principios arquitectónicos.

En el caso de la obra de Noblecilla, la artista da un paso más allá utilizando estas formas racionalistas de manera metafórica, podría afirmar que desde una percepción superior en la que se mantienen las formas originarias, pero simultáneamente yuxtapuestas por estos nuevos espacios, no de sustitución ya que no se observa una “colonización” violenta, sino un afán de búsqueda de equilibrio entre ambas realidades. Como una representación idealista de las emociones pero equilibrada, ya que lo contrario sería un desajuste.

En relación al paisaje cabe destacar que las formas euclidianas no forman parte de ellas, ya que particularmente son construcción de los seres humanos, lo que de alguna manera me genera la siguiente inquietud: ¿Es posible que Noblecilla logre, desde la metáfora visual, formular la necesidad de un equilibrio de las acciones de los humanos sobre la naturaleza agónica de nuestra contemporaneidad? No es una novedad que los desastres naturales de estos últimos años son el resultado del mal accionar de los humanos en la explotación de los recursos de la tierra, y esto sucede por una falta total del uso racional de las materias primas. La crisis ambientalista es la mejor expresión de la falta de equilibrio entre la explotación de recursos y el tiempo necesario para su restablecimiento.

La historia siempre fue cíclica, desde lo equilibrado apolíneo hasta el desborde dionisíaco, desde el idealismo hasta las emociones románticas, siempre una postura generó su oposición pero difícilmente se logró un equilibrio. Equilibrio que no necesariamente busque la neutralidad sino el logro de lo sostenible, y que cuando hablamos de naturaleza y de nuestra contemporaneidad, se vuelve urgente. De alguna manera la artista nos muestra esa mirada necesaria de urgencia en el mundo y de lo implacable de nuestras acciones sobre la naturaleza. Ya no se trata de dominar, sino de racionalmente equilibrar este ecosistema colapsado y agónico. Ya lo dijo Walt Whitman: “Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena…”.

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