EE.UU. | Artista Multidisciplinar | Titus Kaphar

“Mis personajes están dictando la Historia”

La historia, fragmentos de ella mezclados con la ficción y lo abstracto. El ojo de Titus Kaphar teje una narrativa que se posa visualmente sobre la historia y la deconstruye. Se exhiben ideas escondidas. Entonces se asoma el poder del presente, ese que puede incluso serpentear y escurrirse sobre una imagen heredada, una obra que trazó su último pincelazo cientos de años atrás.

“Muchas de las pinturas, aunque se basan en los tropos visuales de la historia,
son, de hecho, inventadas con el fin de tener un mayor control de la narración”
Titus Kaphar

Se desmantela algo oculto al abrirse el telón o al descascarar una naranja. El retrato de un burgués, el talante de una dama o la estricta composición familiar del renacimiento, se intercalan abruptamente en escena con el rostro de un personaje afroamericano. Entonces retratos de Copley, Eakins y Delacroix, parecen desplegar una nueva perspectiva, imágenes nunca antes vistas.

La misión que Titus Kaphar ha practicado, es despojar la historia de obras que el arte muestra prolijas y acabadas, como salidas de una perfección monárquica de edades de oro. De pronto, en su trabajo, emanan ciertas revelaciones, un extracto de la historia que no se ha contado en marcos de oro. Plantea un mensaje ignorado, una interpretación diferente que se hace espacio hoy, en aquel período de sublimidad artística.

Son cortes o recortes exiliados de la cita con la cronología, allegados desde nuestros días para permear estos trabajos con una mirada más inclusiva, panorámica. Entonces resulta, por ejemplo, que se aparta a uno de los protagonistas de la escena pintada. Se intercambia por su silueta en color blanco, delator de ausencias. Se descontextualiza su existencia, legando en su puesto, un espacio para la reflexión, para cubrir con una interpretación, argumento, sentido o quizá lógica, lo que el vacío permite o representa.

La mano de Titus produce una descomposición irreverente, abultada, llena de motivos y significantes, de ideas sobrepuestas e integradas, en las que intenta inmortalizar, más que a un personaje, el contexto, una idea integral. Ironiza, desmantela y provoca, cubre y abre mantos a su antojo, compone sobre lo existente, utiliza lo trabajado y reconocido por el tiempo y el recuerdo colectivo y lo trae de vuelta con un ángulo adicional, o sin ángulo alguno. La misión es exhibir y exponer esa interrogante que cuestiona el posicionamiento del afroamericano en la historia del arte, su anonimato vigente hasta el presente trabajo artístico. Una falencia, un descuido.

Las obras del clasicismo y el renacimiento se mezclan con la contemporaneidad, se trenzan en un juego narrativo que descompone los patrones que conservaban las piezas históricas, para construir sobre él, nuevas realidades, reales o de ficción, con actores hasta ahora tras de escena. Ha dicho en entrevista a Times, “saco de todos los períodos de tiempo el canon de la historia del arte, con un énfasis en las tradiciones americanas y europeas de 1700 y 1900 para mis referencias de imagen, y sólo de 1.900 a lo más contemporáneo, para mis gestos intervencionistas”.

Así, la materialidad y las terminaciones las producen el despojo de un fragmento, éste hace textura y provoca el movimiento en la pintura, produce sensación de desplazo. En blanco quedan los personajes que colmaban la pintura hasta entonces, y allí queda sólo ese espacio, ese vacío de luz blanca que por su ausencia anuncia algo.

La forma en que ha perseguido la misión de crear consciencia e interrumpir el sentido absoluto de algunas obras, le han llevado a experimentar con un sinnúmero de materiales, un arrastre a diferentes técnicas artísticas visuales para hacer un trabajo integral y que no postergue ningún aspecto. Con ello, los cortes, la escultura, diversos materiales y la fusión, se unen en el trayecto de su carrera profesional. La proyección: un estilo híbrido, una mezcla desafiante, una mixtura imparcial, una crítica.

Como consecuencia, los efectos que tiene este trabajo sobre las obras heredadas, la historia que cuenta el arte, hace temblar, de pronto, los cánones artísticos que se vuelven inestables y maleables, un objeto al que se puede cuestionar, una historia a la que se le pueden adicionar párrafos e ideas. “Sentir que mis personajes están dictando la historia y que son un escriba. Creo que esta es la manera más clara para describir el monólogo que tengo en mi cabeza”, señala. Así, pone en duda la autoridad del pintor para hacer historia a través de sus obras, y resulta que una memoria colectiva se construye y deconstruye con el tiempo y las voces que la alzan y proclaman. En este caso artísticamente, las réplicas de grandes pintores se vuelven vulnerables al presente, a la mano que lo narra, al espacio que lo recibe. Permeables al tiempo.

El vacío, la sobre posición deja un destino no escrito finalmente, una duda. La historia contada pasa no sólo a desaparecer, sino a reinventarse. Titus Kaphar no le teme a descuartizar las presencias y poblar sus trabajos de otras. Denota y pone sobre el tapete la ausencia femenina y afroamericana de la pintura clásica y lo denuncia a través de su particular forma de crear nuevos escenarios: cortados, fragmentados, vendados. La imagen es violenta, la mujer afroamericana mira tras el retrato desmantelado, fijamente, hegemónica en defensa de su existencia, observa cómo la han mantenido oculta. En otro caso, un soporte de madera vacuo es lo que sustenta el sin fin de tiras que destrozan el talante de un caballero antiguo. Y se hace la propuesta, se manifiesta la tendencia que redunda en la crítica, lo social y la anhelada justicia.

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