Alemania | Pintura | Eckart Hahn

Extrañeza del preciosismo

Ya lo dijo Aby Warburg: “Dios está en los detalles”. Como una premisa al contemplar las obras de Eckart Hahn, se me vino inmediatamente a la mente esa frase paradigmática. Preciosista en su factura, ningún detalle queda librado al azar. En una yuxtaposición de elementos disímiles, que sin embargo no resultan incómodos a la mirada del espectador contemplativo, sólo una sensación de extrañeza.

Con un corpus de obras fuertemente ligado a un universo personal, se hace complejo desentrañar significados o simbolismos. Lo que sugiere que la percepción del espectador queda sujeta a su propia subjetividad. En relación a esto el artista me comenta que no posee filiaciones artísticas que condicionen su trabajo a la hora de desarrollarlo ya que, en realidad, al ser una persona curiosa, son muchas las cosas que lo inspiran.

Sin embargo la idea del gabinete de curiosidades ronda en mi cabeza cada vez que veo esos hermosos animales acompañados de teatrales contextos, pero desde una perspectiva contemporánea: ¿Cómo sería un artista victoriano adaptado a nuestra realidad? La imagen de otro tiempo es ineludible a la hora de intentar analizar el trabajo de Hahn, las citas a la historia del arte, su mirada ilustrada de la vida, la composición exquisita a la hora de elegir la paleta de colores, nada es casual ni azaroso, todo se supone rigurosamente pensado y estudiado.

Nacido en Friburgo/Brisgovia, Alemania en 1971, Eckart Hahn posee una flamante carrera de artista que comienza a desarrollar casi a sus treinta años. Con una potente producción, sus primeros pasos en el ámbito artístico los ha hecho de manera contundente. En casos como este, la trayectoria no es lo importante ya que su trabajo habla por sí mismo de una pulsión creativa irrefrenable.

Definiéndose casi autodidacta, cabe mencionar que en su formación académica se registran el estudio de la Fotografía y la Historia del arte. Cuestiones que por más que el artista no las asocie a la hora de desarrollar su obra, son ineludibles al contemplar su trabajo. Creo que sería acertado considerarlas como el punto de partida de sus indagaciones plásticas. En cuanto al rol de la fotografía, podría afirmar que la observación detallada sea quizás ese disparador y que para la historia del arte entraría en juego la resemantización de las temáticas tradicionales.

Es en este juego de yuxtaposición de perspectivas y curiosidades donde lo tradicional se vuelve contemporáneo en una nueva relectura, incluso de la pintura por la pintura misma. En su reciente obra Van Eyk, vemos en la esquina superior de la obra, el recorte de una parte del vestido que viste la figura de la dama en la conocida pintura El matrimonio Arnolfini, del pintor flamenco Van Eyck. Fechado en el año 1434, dicha pintura retrata el supuesto matrimonio llevado a cabo fuera del ámbito de la iglesia y en donde el artista oficia como testigo del mismo.

En el ámbito de los estudios iconológicos, dicho vestido en su forma abultada y color, aludían a la fertilidad y el deseo de la maternidad como destino de la vida de la mujer. Lo paradójico fue que la retratada, Jeanne Cenami, nunca pudo ser madre. Sin embargo lo destacable de esta pintura, además de ser promisoriamente cargada de múltiples simbolismos, es que es uno de los mejores ejemplos de la majestuosidad de la pintura flamenca. No es casual que Eckart Hahn la utilice como punto de partida para una nueva reelaboración discursiva y plástica, ya que si bien los artistas flamencos se caracterizaban por el tratamiento minucioso de los detalles, el uso de la luz y cierto naturalismo que tenía como fin dar sensación de realidad, en esta pintura en particular, el hieratismo y solemnidad de los retratados lo hace inverosímil.

En la obra de Hahn el vestido aparece colgado en la esquina superior derecha, manchado, abandonado; al frente, simultáneamente y en un despliegue de preciosismo pictórico, un molinillo de pimienta se muestra impecablemente brillante y realista. Si lo analizamos desde el punto de vista de la pintura por la pintura, se podría sostener que las búsquedas actuales de Hahn son la superación de las indagaciones de las búsquedas flamencas, ya que el hecho de centrarse en lo puramente teatral y detallado ha sido para ello una conclusión errónea en la búsqueda de retratar la naturalidad de los objetos. Algo que Hahn en sus indagaciones fotográficas lo ha podido resolver de la mano de una observación generalizada y no desde lo particular.

Con esto pienso que las construcciones plásticas de Hahn son la mejor representación del conceptualismo que detrás de ellas anidan. Esto plantea a un espectador reflexivo, pienso que también es importante que posea ciertos conocimientos sobre historia del arte y fotografía, ya que la obra de Hahn presenta rasgos muy definidos de simbolismos muy crípticos. Sin embargo, esa sobrecarga de información a la que accede el espectador entrenado puede transformarse en esa mirada flamenca de los detalles y no verlo y observarlo desde la generalidad que quizás un espectador no entrenado pueda ver, y lograr en ello la contemplación general y pragmática necesaria para develar lo que detrás de la obra de Hahn se esconde.

Desde esa mirada general se pueden observar ciertas constantes a la hora de componer visualmente cada imagen: fondos despejados y generalmente lisos o con plenos planos de color o gradientes; figuras principales centralizadas al modo de estudios académicos sobre bodegones o naturalezas muertas; superposición de diferentes texturas y de cómo la luz genera reflejos en ellas; y finalmente el uso de determinados colores primarios para lograr la pregnancia buscada a la hora de direccionar la mirada. Se puede apreciar un uso exacerbado de la representación de superficies brillantes, ya sean lisas y redondeadas, como arrugadas o tensionadas. Para ello el uso del polietileno se transforma en un elemento principal que compite con lo que podríamos considerar una imagen principal y donde lo accesorio ya no es lo que aparenta para tener otra entidad protagónica.

Incluso en el ámbito de la escultura Hahn es desconcertante, las formas puras se yuxtaponen en perfecta composición con aquellas figuras naturalistas como en el caso de los animales o aquellas referencias que sugieran la presencia de ellos. Ya sean plumajes, pelajes o simplemente la riqueza de una sencilla textura. La obra de Hahn es disímil y ambivalente, algo así como una suerte de collages de imágenes con una factura extrañamente preciosista, que desde mi rol de espectadora vuelvo a repetir, sólo puedo rascar superficialmente en la pretensión de una posible interpretación que seguramente, no sea la más acertada.

Para finalizar Eckart Hahn señala que sus obras son una combinación e investigación de dos polaridades, lo artificial y lo natural. Esto claramente se ve en los objetos que elige para representar naturalezas muertas, como en la obra Between. Pero también es visible en la forma en que trata las superficies y estructuras. Al final, es un comentario sobre la pintura luego de la pregunta: ¿Qué tan real y natural puede ser algo artificial, algo que puede ser compuesto?

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