Omar Biscotti | Entre dos lenguajes

Posibilidades infinitas. Éstas son las que para Omar Biscotti, psiquiatra de profesión y pintor de oficio, ofrecen los retratos. En ambas actividades, la observación y la reflexión sobre otro son las materias primas de su trabajo, que el artista define como “obras creativas”. “Como psicoterapeuta que soy, trabajo tanto con personas en forma individual como con parejas. Permanentemente estoy conversando con ellas, observándolas, sintiéndolas, sintiéndome”, cuenta Biscotti. Además, agrega: “Tanto en esa tarea como en mis pinturas, es el ser humano el objeto de mi interés. La gran diferencia, es que en mi profesión es la palabra el vector principal en la comunicación, mientras que en mis pinturas el lenguaje es otro: la imagen”.
Tanto en la psiquiatría como en el arte, las expresiones, la postura y la mirada de las personas son los elementos que nutren sus obras. Para construir un reflejo de estos seres, Omar trabaja principalmente retratos en acrílico. “Nuestro rostro nos identifica: dice quienes somos, mucho más que el resto del cuerpo. Hay algo del orden de la identidad que me atrae, mucho más que un paisaje”, dice el artista. Biscotti se pregunta: “¿Qué historia me imagino hay detrás de ese rostro, de esa imagen?”. La respuesta la encuentra en cada una de sus pinturas.
 
El modo de trabajo de Biscotti es peculiar. En primer lugar, sus obras se caracterizan por su minuciosidad; sus pinturas hacen énfasis en el detalle de los personajes retratados, tarea que le facilita el uso del acrílico que, a su vez, le permite corregir tonos de forma rápida. En segundo lugar, pinta a partir de fotografías en blanco y negro; muchas las saca de internet, de personas que no conoce, y al estar en blanco y negro, no tiene limitaciones con el uso del color. 
Para Biscotti, el color es un reflejo en sí mismo. La emoción es color, el color es motor y ese motor mueve su obra. El artista argentino comenta: “Considero que el color, casi tanto como la expresión dada por el dibujo, es lo que refleja el alma de cada personaje. Me interesa provocar a través del color –agrega–, y lo espontáneo de mi obra, entiendo que está dado por eso: por el tratamiento de la paleta de colores”. Si bien parte de una idea de los tonos predominantes del cuadro, para Omar, el proceso de pintar una obra es un viaje en sí mismo que lo lleva a definir el próximo color en el camino. “Eso es lo que más me emociona cuando pinto, cierto misterio que hay en cada momento”, dice Biscotti. 
 
Más que por corrientes pictóricas, el artista dice sentirse atraído por pintores. Amedeo Modigliani causó un gran impacto en Omar durante su adolescencia, tanto, que hizo una copia en óleo de una de sus obras. Hoy, esa reproducción está en su consulta. Pablo Picasso es otro de los personajes que influencian su trabajo. Su acercamiento al Cubismo y al pintor español fue posible gracias a Joaquín Luque, quien fue maestro de taller de Biscotti. Si bien reconoce que sus obras actuales pueden caer dentro del género del Pop Art, Omar dice que no tuvo un acercamiento importante a obras de ese tipo durante su formación como artista visual.
Las expresiones son infinitas, por lo tanto, las posibilidades en el retrato son inagotables. Sin embargo, el artista necesita comprometerse con la fotografía que servirá de modelo para su obra. “Es como un amor a primera vista con cada una de ellas: si no me atrae, no la pinto”, asegura Biscotti. 
A veces se enamora de la nostalgia de una imagen, de la ternura o del humor, pero lo que le gusta trabajar es la subjetividad del mensaje, permitiendo al espectador de la obra crear un significado exclusivo. La expresión de la emocionalidad del individuo, ya sea en un mensaje oral o visual, son las posibilidades infinitas a las que se enfrenta Omar tanto en su consulta, como en su taller.

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