Fabro, Cardiff & Bures Miller: Comparten ciudad.

En el Parque del Retiro de Madrid, hay dos construcciones que cada año albergan entre sus paredes interesantes exposiciones. Si bien en el Palacio de Cristal siempre encontraremos muestras destinadas a instalaciones, en el Palacio de Velázquez podremos gozar de una mayor variedad de disciplinas. La relación entre ambas no suele ir más allá del espacio que comparten dentro del parque, del que sólo un camino las separa, o del periodo en el que exhiben.

Por Marina P. Villarreal

Protegido por los cristales de un invernadero convertido en Palacio encontramos la instalación de Janet Cardiff & George Bures Miller bajo el nombre: el hacedor de marionetas (hasta el 16 de marzo). Una caravana en medio del espacio, con unos altavoces de gran tamaño sobre ella ???de los que salen sonidos y un murmullo femenino???, cargan el lugar de un misterio que se traduce en la necesidad del espectador de acercarse a curiosear, a husmear lo que dentro de esa antigua caravana está ocurriendo.

Os preguntaréis qué hay dentro de la misma. Entre un sinfín de marionetas y juegos escenográficos que nos acercan a un mundo de ensueño, de onirismo, que deriva, a su vez, en una combinación de realidad e imaginación, objetividad y ficción. Nos encontramos en uno de los lados a una mujer tumbada, durmiendo.

Con esta instalación, se incita a nuestros sentidos, a nuestra curiosidad, invitándonos a entrar en un juego de voyeurismo ante un espacio, un tiempo y una vida que corresponde a otra persona, que nos es ajeno.

Pero el juego no termina ahí. Los simbolismos que podemos encontrar a partir de las diferentes marionetas y pequeñas escenas que se desarrollan en ese interior nos hablan de matices de esa historia, así como de la obra, completando el sentido de la misma. Es por ejemplo la escena que parece ajena a lo demás, que observamos en el exterior de uno de los laterales, en la que unas butacas nos invitan a observar un espectáculo teatral, un nuevo recurso de incitación a adoptar una actitud de voyeur.

Ese empeño de creación incansable, también se podría ver en el autor protagonista de la exposición del vecino Palacio de Velázquez. Muestra de una gran importancia ya que es la primera desde que murió el artista, Luciano Fabro (Turín, 1936-Milán, 2007). Son varias las series recogidas bajo este mismo techo. Desde las diferentes obras cartográficas de la «bota» italiana, hasta sus piedi, pasando por la serie Habitat con el que se busca la reconstrucción del espacio como expresión escultórica, o la serie Lo Spirato.

En todas ellas es apreciable ese contraste entre materiales sencillos, cotidianos y técnicas características de una sociedad en mutación. Contraste que siempre ha llevado a los críticos a su relación con el arte povera, aunque él se sintiese únicamente deudor de Manzoni y su cuestionamiento de la naturaleza de la obra de arte o Lucio Fontana y su concepto de especialidad.

Al haber unido varias series en una misma muestra es más fácil hablar de los principales conceptos de desarrollo artístico de Fabro. Veremos así la asociación entre los materiales simples y cotidianos, que acabamos de mencionar, con los conceptos de la naturaleza del objeto y del espacio que llevaron una y otra vez al italiano a la relación entre pensamiento e innovación, o experimentación, con nuevos lenguajes plásticos. También se hace latente la idea de la emergencia de lo nuevo, o la revelación de los tesoros de la cultura. Recalcando en todas las obras la destacada importancia de los materiales, de la expresión que con ellos se logra.

Cada una de las muestras juega con ideas propias, muy diferentes. Si bien en el Palacio de Cristal se nos invita a observar y a imaginar, en el Palacio de Velázquez se nos plantean cuestionamientos matéricos, espaciales y experimentales en torno a la obra de arte. 

Comentarios

comentarios

No Comments Yet

Comments are closed