Galeria
- Reseña
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Ecuaciones significantes, una mirada al trabajo visual de Víctor Pavez. (extracto) "Los que vienen ignoran a los que se van o a los que se quedan y creen empezarlo todo desde el principio o según el principio de la tabula rasa. Lo único que no cambia es, en un tiempo sin duración, la ruptura. Tierra sin suelo" Enrique Lihn III. La Historia de una historia. Víctor Pavez nace un 26 de Febrero de 1969 en Santiago de Chile. Como gesto de su presencia en nuestra sociedad -su padre-, Jorge Orlando Pavez Vargas profesor secundario de filosofía, compra la mayoría de los diarios y revistas publicados en el día de su nacimiento. Esa acción la repetirá sucesivamente cada 26 de Febrero hasta 1976, fecha en la que la familia fija su residencia en la ciudad de El Salvador, un frente pionero enclavado en el norte de Chile. A ese respecto su padre ha dicho: "Las categorías kantianas, a priori, de espacio y tiempo, al menos, al parecer, para nuestra cultura son inevitables. Estamos constreñidos, afortunada o infaustamente, a una realidad en que es imposible -¿ o no tiene sentido?- (no sé) escapar a un tiempo y , no me atrevo a decir, a un espacio tan indeterminado. Tratar de mitigar esta posible angustia es lo que, quizá -lo intuyo- trato de lograr al ubicar y conseguir todos los documentos escritos que es posible acceder en un kiosko de diarios. Diarios, periódicos, revistas, semanarios, comics, almanaques, etc. Todo lo que a mi alcance –económico- estaba disponible, traté de guardar (algunos ‘26 de Febrero’ desde el año 1969). Intuía que saber qué pasó cuando Víctor nació, lo ayudaría a comprender mejor su aparición en una serie de acontecimientos que de alguna manera tiene una conexión con el pretérito y con el futuro del mundo y de su vida, en particular" (1). Debieron pasar más de veinte años para que el pintor se reencontrara con este material guardado en casa de sus padres, tiempo suficiente para que dicha información de un cotidiano local, fuese leída en la globalidad de sus alcances por medio de una serie de pinturas y serigrafías, las que intentan visualizar no un pasado triunfante, sino más bien, un encadenamiento de los más diversos acontecimientos, hoy cubiertos por un velo llamado "historia". Si durante el período 2000-2002, la preocupación del V. Pavez por los temas sociales bien puede ser asociado a la cercanía con el cumplimiento de los 30 años del 11 de Septiembre de 1973, no menos cierta es la relación con la historia del paisaje en la pintura chilena, la que en esta serie se ha desplazado al comentario de la historia de la pintura universal. Por ejemplo, en un cuadro se aprecia el semblante de las tres finalistas al cetro de Reina de las playas y piscinas de Chile en 1976, aludiendo a la pintura renacentista "Las Tres Gracias" de Sandro Botticelli. O en otra, la toma aérea del rescate en el mar de los tres astronautas de la misión Apollo XI bien recuerda "La Balsa de la Medusa" de Theodore Gericault. Este modo de comentar los grandes momentos de la historia de la pintura, desde las referencias encontradas en los diarios del pasado reciente, me hace pensar en la progresiva fascinación que como artista ha manifestado desde los días de estudiante en la Escuela de Arte de Universidad Católica. Ciertamente la imagen de Juan Francisco González viene nuevamente a esta narración como la efigie de un trayecto a seguir, pero también y de manera más contemporánea, el efecto de viaje desarrollado por Francisco Smythe sirve de puente para examinar este hechizo en la obra de V. Pavez por rescatar ciertas fotografías e imágenes aparecidos en esos diarios de los años 70, como tema para su pintura no con un mero afán de comentarlos, sino que también, de emitir una opinión como artista chileno. Tal situación convierte su proceder en un recorrido helicoidal por desentrañar indistintamente el sentido de la imagen en la galería de retratos que los libros de tradición, exponen como documentos ineludibles de nuestros propios avances, zigzagueos o retrocesos a nivel de sociedad. Sin embargo, ¿Cómo debemos observar esta serie de lienzos, algunos de ellos de grandes dimensiones en la ciudad de Roma?. Me parece que el fragmento del poeta e intelectual Enrique Lihn, arroja una respuesta a tal cuestionamiento cuando declama: "Los que vienen ignoran a los que se van o a los que se quedan y creen empezarlo todo desde el principio o según el principio de la tabula rasa". Ya que si hay algo que nos distingue como chilenos es esa constante actitud de romper con todo orden pasado, con el fin de partir siempre desde cero, en el malentendido de que negando nuestra historia, ésta perfectamente se puede rehacer a vista y paciencia de quien tiene el poder. Los 17 años de la Dictadura Militar de Augusto Pinochet fueron el modelo más claro por borrar nuestro pasado a partir de la sistemática violación a los derechos humanos. Pero en el otro extremo de ese correlato, el gobierno democrático del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular (UP) (2), también quisieron partir de nuevo en el Chile de los 70. Hay entonces un sentimiento de romper con todo lo pasado en el espíritu chileno, cambiar la historia, para contar nuestra propia versión de los hechos. O bien, recomponer nuestra manera de ver el entorno a partir de una actitud inconscientemente individualista, heredada quizás de nuestra condición geográfica anclada en lo insular o nuestra falta de diversidad cultural. De ahí entonces que el gesto de Jorge Orlando Pavez se vuelva elocuente, porque atesorar dicho material supone no sólo dotar a su hijo de un material bibliográfico capaz de hacerle comprender la historia y el contexto social en que deberá vivir, sino que también, -emulando desde un cotidiano local a Immanuel Kant-, el padre de Víctor se cuestiona el peso de esos hechos en la futura adultez de su vástago. Convirtiendo tal proceder acumulativo de la información vertida en esas publicaciones, en un saber ilustrado. El cual, necesariamente deberá tomar un sentido y razón -como sinónimo de pertenencia- en su vida y luego en su obra pictórica. El deporte ha sido una práctica paralela y constante en la vida de este pintor, específicamente el fútbol ha desatado en él una permanente pasión ya sea en la práctica de esta actividad o en el seguimiento de los diversos encuentros de las ligas nacionales e internacionales. Cuando a mediados del 2001 contemplé una de las primeras versiones de la serie de pinturas dedicadas al Estadio Nacional, no pude dejar de meditar en la carga simbólica del juego y de la arquitectura que le distingue. Amén del ademán político de exponer este espacio público como tema para la historia de la pintura chilena, en el contexto de una tradición del registro urbano. Exhibir una pintura dedicada al tenista Adriano Panatta, en la final de la Copa Davis de 1976 jugada en Chile, tiene el mérito de buscar una juntura entre el origen y el destino de una imagen que para el pintor simboliza la historia compartida entre Chile e Italia. Fotografía, ahora convertida en leyenda porque ha sido la única vez que Chile disputó una final de esa copa en Santiago, en el court central del complejo deportivo en que se ubica el Estadio Nacional. Algo que también se ve en la obra dedicada al líder político Aldo Moro y en la figura del Papa Paulo VI, tal vez como buscando reconocerse por medio de su pintura en esos hechos precisos de la historia más allá de los meros acontecimientos. En otras palabras, esta serie de pinturas y serigrafías, son la clara evidencia del suceso que triunfa frente al tiempo, cargado de una aureola no de historia, sino de que un desbordamiento en su significado. Hecho que viene a sustituir las pequeñas figuras de los animales en sus pinturas de los años 90, por estas reliquias de los 70. Aludiendo a esos fondos monocromos, ya no como las superficies que insisten en buscar salida a la perspectiva desde la representación, sino que ahora, son el fértil territorio sobre el cual se depositan las imágenes extraídas de la prensa local. En el supuesto de una pintura que se convierte en una página abierta de un texto erudito como ecuación significante, la que ineludiblemente celebra su lugar en la historia desde la pintura.
Carlos Navarrete
Santiago de Chile, junio del 2007
















































































