Galeria
- Reseña
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Desde 1992, el desarrollo artístico de Silvana Kelm ha ido en una rápida y promisoria carrera que partió cuando dejó su ciudad natal en Misiones y se trasladó hasta la capital federal para estudiar en la escuela nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Al principio pensó que lo suyo era la pintura, pero una vez que ingresó al taller de su maestro, el fallecido escultor Ernesto Levín, inmediatamente se dio cuenta que su vocación no era otra cosa que la escultura. Su claridad frente a ello es tal que asegura: “La escultura es mi vida. Sin ella siento que no soy nada. Solo a través de ella puedo expresar mis sentimientos y narrar la historia de mi destino”. Es, justamente, ésta la característica que predomina con mayor fuerza en su obra. Basta con observarla unos segundos para darse cuenta de la carga emocional que existe detrás de cada uno de sus desfigurados y contorneados personajes, los cuales al igual que un móvil de Alexander Calder, logran flotar por el aire. María José Peró Periodista
















































































