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13/01/07 El Mercurio - Vivienda y decoración
Abogado y andinista, desde niño sintió una especial atracción por la cordillera y en general por los grandes espacios despoblados. Como una forma de ilustrar sus paseos y de hacer participar en ellos a su familia y amigos, descubrió la fotografía, un lenguaje que años más tarde se convertiría en su mejor manera de expresión.
Durante un viaje por Europa tuvo el privilegio de asistir a exhibiciones de Sudek, Koudelka, Strand, Brassai, Cartier Bresson, Minor White y otros maestros de la fotografía. Frente a sus obras se dio cuenta de que las imágenes podían ser mucho más que sólo un referente testimonial.
Al volver a Chile, realizó un taller con Luis Poirot y, después de hojear cientos de libros de buenos fotógrafos, aprendió a distinguir lo bueno de lo simplemente efectista. Viajó a Florencia donde fue discípulo de John Englander, un eximio fotógrafo y gran técnico y de vuelta en Chile, junto a Carlos Monsalves, se especializó en el trabajo de laboratorio en blanco y negro. Y aunque es un convencido de la importancia del aprendizaje formal, sostiene que para crecer es fundamental experimentar y equivocarse mil veces.
De su participación en la fase inicial de la expedición a los Himalayas organizada por Rodrigo Jordán y Claudio Lucero para ascender al Lhotse, una montaña de 8.500 metros de altura, vecina al Everest nació su notable serie en monocromo "La belleza salvará al mundo"; una suerte de diario de vida visual, en la que aparecen paisajes y situaciones inéditas, de gran belleza, ancladas en una cultura milenaria entre montañas eternas. El título de la serie, sacado de una frase de Dostoievski, alude no sólo a la belleza estética, sino a una suerte de retrato interior cuyas claves las dan las luces, escenarios y personas. Con cámaras análogas, las imágenes fueron captadas con película blanco y se presentan copiadas en papel fibra.
Entre sus futuros proyectos, considera dos: uno referido al juego de los niños, a captar esa suerte de pequeño sueño en que se sumergen cuando juegan y, otro, a retratar el trabajo de campo, la nobleza de un estilo de vida que parece condenado a extinguirse.
Texto Juan D. Marinello K.
















































































