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Nociones de género Mujeres cubiertas en metáforas y pantys llenan de textura y provocación los cuerpos que se contraen y los gestos que se pierden en la obra de la artista dominicana, Raquel Paiewonsky.
Su trabajo al óleo, en esculturas, instalaciones y fotografías se construye entre cualidades de parajes bíblicos y estereotipos actuales de género. Diversas disciplinas para presentar un solo escenario: la figura humana. Por Sandra Lodos, periodista El cuerpo es el territorio conceptual con el cual Raquel Paiewonsky por más de una década ha demostrado a través de diversos medios lo espiritual, pero a la vez social y político de la historia humana. “Me fascina ver cómo cada experiencia, cada decisión, cada vivencia, cada actitud deja una memoria en nuestro cuerpo y forma parte de cada uno de nuestros gestos, de cada arruga… Interviniendo el cuerpo intento crear una nueva versión de nuestra humanidad… más real, más honesta, más vulnerable, más libre, más fuerte...” Comenzó en arquitectura, pero al tercer año dejó esos estudios para dar espacio al arte, manifestación que le permitió explorar ideas y experiencias de forma única. Ingresó así a estudiar Bellas Artes e Ilustración en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, pero terminó su formación en Nueva York, en el Parsons School of Design.
Durante esos primeros años, donde vivía y se enamoraba de la ciudad estadounidense, trabajó como diseñadora de superficies, pero sin dejar su verdadera pasión. Libre de cánones y estéticas preestablecidas expuso por primera vez en Santo Domingo en 1992, pero no fue hasta 1996 que, con el apoyo económico que le otorgó ser premiada en la Bienal Nacional de Santo Domingo, decidió dar un salto y dedicarse por completo al arte. Con el nacimiento de su primer hijo su trabajo se volvió experimental en el intento de utilizar materiales que no fueran tóxicos. “Descubrí el gran placer de cocer arte y comencé a utilizar todo tipo de objetos y medios alternativos. Creo que eso fortaleció mucho mi trabajo y abrió un nuevo espacio de confianza con mi proceso creativo”. En ese momento regresó a República Dominicana, en donde su trabajo ha sido constante y los intercambios y oportunidades que se le han presentado la han mantenido centrada y su trabajo, alcanzando importantes espacios culturales como la Colección Daros-Latinoamérica de Suiza, el RISD Museum de Estados Unidos y el Centro León de República Dominicana. Bajo influencias innumerables que circundan la vida urbana, las relaciones personales, la música, la multiculturalidad y la naturaleza y las conexiones con el trabajo de Egon Schiele, Frida, Louise Bourgeois, Ana Mendieta y Ernesto Neto, Raquel Paiewonsky ha demostrado a través de un rol genérico, cómo en el cuerpo se presenta la experiencia humana en su totalidad.
No es solo un discurso femenino o transgresor, sino que es entregar una multiplicidad de significados en un solo ente. Pero aún cuando es el cuerpo la forma y fondo del discurso de la artista dominicana, ésta no se considera una performista. “En los últimos trabajos fotográficos que he hecho reconozco que hay un ingrediente de esta disciplina en el intercambio que se da entre el/la modelo y yo; es más bien una experiencia ritual la de intervenir sus cuerpos, pero ésta se da en un espacio privado”. En efecto, Paiewonsky trabaja con modelos, cuerpos ajenos -de preferencia femeninos- en donde nos muestra de qué realmente estamos constituidos. Eso para la artista es la libertad, “el espacio donde podemos manifestar verdaderamente lo que somos”. El pudor, que comúnmente se encuentra ligado a la sexualidad, se aleja de la obra de Paiewonsky. El tratamiento del cuerpo para la artista no es exclusivamente sexual. “Veo el cuerpo como un campo infinito de exploraciones de otras índoles y para ellas el pudor no es una consideración. No busco situaciones que lo desafíen, trato de explorar nuestra esencia humana libre de construcciones culturales represivas”, explica. De hecho, el trabajo de Raquel Paiewonsky asume el tema del género, entregando nociones de los papeles y normas que dicta la sociedad sobre lo femenino y a través de ello, las prescripciones que abundan ante lo masculino, haciendo presente en un solo espacio la dicotomía que se establece -aún en la sociedad postmoderna- sobre los estereotipos. De esta manera, la artista deshace el cuerpo como objeto de deseo, otorgando nuevas dimensiones y múltiples facetas, desde provocadoras hasta grotescas y expresivas, que critican los estigmas culturales de “mujer”. Distintas disciplinas confluyen en un punto común donde el cuerpo, además de transformarse, se adapta al cambio; para la artista: una de las más asombrosas cualidades humanas. Paiewonsky fusiona los medios, en busca de una sola obra que aúne signos, símbolos e íconos de nuestra sociedad.
Cada pieza comienza a ser trabajada como escultura, pensándola en tres dimensiones, haciendo de la búsqueda y la relación de los materiales el primer paso. La obra continúa al alero de las diversas visiones y posteriormente entrará en escena el cuerpo hasta finalmente capturar la experiencia en una fotografía. Raquel Paiewonsky se balancea entre la pintura, la instalación y la fotografía, muchas veces combinando más de uno de estos medios. “Primero concibo las ideas y luego elijo el o los medios más adecuados para expresarlas”, agrega la artista. La transformación del cuerpo es la fuerza que ha impulsado todo el trabajo de Paiewonsky, hasta hacer de estas mismas mutaciones el foco central de experimentación entre la sociedad de consumo, los instintos y las temáticas que cargan la exploración de seres alterados, dotados de piezas biológicas e industriales, un cuerpo abarrotado de significados.
Con una marcada preferencia por las imágenes que representan nuestros instintos, el cuestionamiento al statu quo y el desarrollo de la materia femínea y sus distinciones y articulaciones, Paiewonsky ha manipulado y desmontado cada parte del cuerpo, impactando desde sus primeras presentaciones el medio expositivo sin perder fuerza: “creo que mi arte es una energía muy íntima que me llena y tengo de darle salida. No es solo una opción haberme dedicado a hacer arte… es algo que debo hacer para estar balanceada y feliz. Creo que si trato de definir mi trabajo lo primero que surge es la necesidad de ver la verdad, ver las cosas como son, sin pantallas. Es una búsqueda de lo esencial, de lo que nos conecta con todo lo demás”. Este mes, la artista que no se detiene será parte, junto a otras cuatro mujeres dominicanas, de la muestra que organiza la UNESCO en París. En agosto, participará con una instalación en la exposición curada por Tumelo Mosaka: ‘Caribbean Encounters’ en el Brooklyn Museum de Nueva York.
















































































