Pablo Schugurensky

Pablo Schugurensky

pintura / Realismo

Galeria

Reseña

Pablo Schugurensky
Brutal Humanidad

Contemplar la obra de este importante artista argentino radicado en España, impacta fuertemente en la emoción de quien lo hace. Observar estas pinturas implica el desafío de poder sostener con la mirada la incomodidad que provocan sus criaturas despojadas de toda complacencia, retratadas en su brutal humanidad.

Su pintura es un grito ahogado que nos permite intuir impiadosamente el lado sombrío de los seres. Los protagonistas están retratados con vigor, pero los límites se disuelven en el fondo oscuro creando un clima inescrutable. De rostros surcados, los personajes aparecen expectantes bajo una enigmática media luz que apenas permite contemplar lo expresado. Para acentuar esto en algunas obras, utiliza una representación iconográfica que a modo de burbuja, resalta un área de la composición. Schugurensky alude, tal vez, a un espacio propio y encriptado que posiblemente encierre el secreto de la narración.

Conocedor de los cambios en el tiempo, su figuración se recrea con la enseñanza de los grandes maestros de la Historia del Arte Occidental, entre ellos Rembrandt, Renoir, Van Gogh, de quienes toma, por afinidad artística, la capacidad de ir más allá en la representación del personaje.

Así, en la obra “La lección de anatomía”, la escena parece iluminada por una luz de sala de rayos dentro de la penumbra de un hospital que, teñida de un espeso color rojizo, acentúa la materia sanguínea del cuerpo y el dramatismo de la escena.

En esta obra, los rostros y especialmente los ojos de los personajes, son los elementos a destacar, donde el Dr. Tulp necesita de una lupa para aumentar su mirada. Como si fuera una parodia de la vida contemporánea, nadie mira el cadáver y entre los personajes principales atentos a su propio protagonismo, se destaca uno que observa un libro intentando comprender.

En la obra “Renoir por tres”, los ojos también atraen por su firmeza en un cuerpo anciano de extremada fragilidad. A esa vejez que se hace carne en el rostro rugoso, la pintura le rinde homenaje retratándola de manera trinitaria, concentrando las tres dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro en una sola unidad.

La estructura compositiva de esta obra se relaciona con su “Autorretrato”. La luz permite descubrir la fuerza de un rostro que ensimisma la mirada contra el espejo de los ojos del contemplador.

¿Existen los personajes que pinta? No se trata de reconocer las identidades. Schugurensky se alinea con grandes creadores contemporáneos como Fellini o Bergman, que sobresalen por la fuerza de su personalidad y no por los actores que se desenvolvieron a su lado. Los personajes pueden llamarse “Gabriela” o “Raquel”, pueden estar vestidos o no, pero lo que el artista deja ver del cuerpo humano fue realizado a través de pinceladas como hachazos. Los desnudos trabajados con exuberante e insolente sensualismo parecen querer indicarnos una línea de relación entre el placer sórdido y el dolor de la vejez, la oscuridad y la pesadumbre de un tiempo sin retorno, de gloria marchitada.

Este pintor catamarqueño que estudió en Buenos Aires, desarrolló su obra en Madrid y hoy se lo admira en una revista de arte en Chile, encontró así su lugar en el mundo.

Por Julio Sapollnik, crítico de arte
Revista Arte Al Límite Nº 27, septiembre-octubre 2007

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