Galeria
- Reseña
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La vida de Milena Lehmann es la que queda plasmada en sus esculturas. Aún cuando el espectador pueda brindar a sus obras las más diversas lecturas, ella señala con convicción que allí vuelca todas sus emociones y vivencias. Su lenguaje privilegia la síntesis de las formas y la expresión ante todo. En muchas de sus obras observamos la figura humana, insinuada, estilizada y alargada, muchas veces descabezada. Asimismo aparecen torsos en movimiento, figuras contraídas y ahuecadas como aquella obra “Dolor” (2001), en la que la artista muestra su tristeza por la muerte de su hija mayor. Es el corazón “perforado” de una madre que lucha por sobreponerse y estar nuevamente de pie. Otras veces, Milena, toma como referente para crear la naturaleza y realiza series temáticas como la de las montañas (2006). O bien se empecina con algún objeto, como las esferas y persiste en ellas con fuerza y pasión. El material escogido para realizar sus obras y lograr la pureza de las formas es la arcilla por sus posibilidades sustractivas y aditivas. “Me encanta el gres, porque es como jugar con tierra, es plasmar con las manos. Puedes agregar y sacar una y otra vez, puedes ir modelando en la medida que vas trabajando”. El cuidadoso acabado que la artista brinda a cada obra, con óxidos y pigmentos, hace que en muchas ocasiones el barro se transforme en metal a los ojos del espectador. Es la mutación que permite la creación y el talento de esta artista que tiene como maestra a Consuelo De La Maza y como referentes a Lily Garafulic y Marta Colvin, a nivel nacional y a, Henry Moore, a nivel internacional. Loreto Velázquez Z.
















































































