Marcos Raya

Marcos Raya

fotografía / Pop Art

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Reseña

Marcos Raya:
Chicano-lumpen-proletario

Todo un descubrimiento fue para el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago (MCA), en 1995, la obra que venía desarrollando bajo cierto anonimato el artista nacido hace 59 años en Guanajuato. Con influencias que van del surrealismo al dadaísmo y del muralismo mexicano a la cultura popular, Raya es poseedor de una producción tan variada, como singular e incisiva. “Un híbrido que habla de la lucha universal por encontrar la identidad personal y colectiva”, según ha señalado la prensa especializada de esa ciudad de Estados Unidos donde ha pasado casi toda su vida. Fernanda Reyes Retana, gestora cultural Fotos Gentileza del artista Hasta que Lynne Warren, curadora del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago (MCA), tocó a la puerta de Marcos Raya para invitarlo a la exposición “Art in Chicago 1945-1995”, este artista era uno de los secretos mejor guardados en el mundo cultural de esa ciudad de Estados Unidos. Warren escribió: “… De todas las sorpresas del proyecto, Marcos fue la mejor… Todo el mundo respondió a su extraordinaria instalación ‘Night nurse’ cuando apareció: los guardias, la gente de servicio, el staff del museo, miembros de la prensa, el público, los curadores más importantes y los coleccionistas”. Según Jeff Huebner, periodista de arte y colaborador de Chicago Reader, “el trabajo de Marcos Raya es una mezcla de folclor mexicano, cultura estadounidense de masas, surrealismo, estilo de Chicago y pop figurativo. Creando un híbrido que habla de la lucha universal por encontrar la identidad personal y colectiva”. En la producción del artista encontramos murales, pintura sobre lienzo, arte objeto, instalaciones, impresiones y mix-media, descubriendo al mismo tiempo influencias de los surrealistas, del dadaísmo, de Marcel Duchamp, y muy especialmente de los muralistas mexicanos, no sólo en la técnica y en la temática sino en el objetivo didáctico del arte. Pero afirma: “Soy un artista lumpen-proletario”; su ideología se encamina hacia aspiraciones casi bolivarianas, con la premisa “raza sí, guerra no” o “primero tu raza”. Sin proponérselo, desde la exposición en el MCA, Raya ha logrado circular en la escena del arte contemporáneo, principalmente en museos y colecciones de Estados Unidos. Según nos comenta desde su estudio en Chicago, a fines de año participa en la exposición "The Fetish of Pain" en el Hyde Park Art Center de esa ciudad, curando al mismo tiempo la exposición colectiva "Manifiesto Rascuache" que se presentará en 2008 en el Art Institute de la localidad. Lucha y rebelión Al profundizar en el aporte del artista nacido en 1948 en Irapuato (Guanajuato, México), es casi inevitable no referirse a su vida personal. A pesar de lo superficial que parece en esta época en que la intimidad se toma casi como moneda de cambio, en el caso de Raya es dato iluminador en la reflexión de su obra. Aunque ésta tenga la potencia para golpearnos por si sola. El autor es hijo de una mujer trabajadora y de “un bohemio que no pudo dedicarse al arte”. Cuando tenía seis años, la madre los dejó para ir a Estados Unidos a emplearse como obrera. Marcos llegó más tarde a reunirse con ella y confiesa, casi con orgullo, que toda su vida ha sido “artista de tiempo completo”. Su obra presta especial atención a la realidad de los trabajadores en ese país. Lo podemos ver en su instalación “Repetitive strain injury” (2000): cargada de elementos industriales, se centra en la figura de una anciana que tiene una mano mecánica, arruinada a causa del trabajo repetitivo en las fábricas. Marcos comenta que esta obra la hizo en honor de su madre. La mujer de la pintura porta la diadema de la estatua de la libertad y desde sus ventanitas se asoman varios obreros. El paisaje de fondo lo arman fábricas sobrepuestas en un entorno casi inhumano. Esta obra es parte de la colección permanente del Mexican Fine Arts Center Museum de Chicago. En los años 60, Marcos escapó de un llamado para ir a Vietnam y llegó al México del 68, donde trabajó como muralista y se concientizó de los movimientos sociales de la época. Al regresar a Estados Unidos después de recibir el indulto a los desertores de guerra, comienza a pintar murales en las calles del barrio de Pilsen, en Chicago. La filosofía del momento le da no sólo un motivo de lucha y rebelión, sino toda una estructura de valores de la cual se sujetó por muchos años. Es en esta época cuando empieza a pintar murales. “The legacy of manifest destiny” (1997) es, según Juan Mora Torres (profesor asociado de Historia en la Universidad De Paúl), “… un excelente collage que recoge el arte muralista de Raya a través del tiempo, con pequeñas referencias al trabajo de otros muralistas de Chicago”. Es importante mencionar en la esquina superior derecha la exhortación “¡Cesen la deportación!”; la referencia a los héroes revolucionarios de América latina en la parte izquierda y a los políticos corruptos de Latinoamérica en la parte inferior, así como la ilusión de acabar con la figura del dictador, representada por la estatua caída y rota, en el centro. Pero, como afirma Raya, él es “un artista que pinta murales, no un muralista”. Mujeres y vicios El autor tuvo una larga y penosa historia con el alcohol, al grado de haber vivido en las calles y haber estado a punto de morir. Su extensa obra que toma por objeto este tema, muestra no sólo su enfermedad, sino la enfermedad social y económica en las calles de Chicago. En su instalación “Night nurse” (1997) vemos la pintura de un Marcos en la cama de hospital, majestuoso (estilo Frida Kahlo) y a un amable doctor (que, como él comenta, le dijo que si no dejaba de tomar se iba a morir), así como a la enfermera que es una maniquí envuelta en tiras plásticas. La instalación, llena de detalles recurrentes –como en toda su obra–, tiene la imagen de una santa vendada y la de un perro alcohólico, entre otros implementos de hospital. Este impresionante trabajo nos puede llevar a pensar en las incoherencias del sistema: el hombre joven y fuerte está postrado a causa de un daño que el mismo se infringió y es atendido en un hospital que forma parte del sistema, que al darlo de alta volverá a llevarlo al mismo estado. Esta instalación forma parte de la colección del MCA y se expone periódicamente. En el trabajo de Raya él se muestra, pero también nos muestra. Nos comenta casi con burla que al realizar una serie de portarretratos de todos los presidentes de Estados Unidos maquillados como payasos, los primeros que se vendieron fueron los Bush, los Clinton y los Reagan, y que los antiguos no fueron tan solicitados. Poner a los presidentes de la nación más poderosa del mundo como payasos podría prestarse para pensar en lo cómico de la imagen creada, en la falsedad de la publicidad o la candidez humana de creerse los mitos. Pero al preguntarle por qué payasos, la expresión ya no es tan burlesca y simplemente acepta que llegó un momento en que él se miró a sí mismo como un payaso. En su obra podemos ver a muchas mujeres y a un hombre: él mismo. Estas damas están dotadas de características especiales: existen santas cubiertas con vendas, mujeres robotizadas, maniquíes tapizados de tatuajes con atributos electrónicos, obreras y enfermeras con manos mecánicas. Al preguntarle ¿por qué mujeres robots? o ¿las mujeres son como máquinas?, se ríe, no responde, y ante la insistencia esgrime un argumento donde cruza sensualidad con tecnología. Pero la respuesta es vaga… La relación de Raya con las mujeres parece que no ha sido fácil: su madre que lo dejó para irse a trabajar, siempre estuvo presente de una manera lejana, fue quizá un amor seguro pero ajeno. Marcos confiesa haber tenido muchas mujeres y haber sido un mal esposo. En las musas de Marcos podemos ver el incomprensible femenino para el hombre o el dominio que la mujer puede ejercer con su sexo; quizá la admiración por la fuerza de la mujer que trabaja más allá de las posibilidades humanas o la compasión por la mujer que se venda ¿amarra? a sí misma en una especie de auto represión. Pero la máxima influencia de Raya es Raya mismo: su historia y sus valores lo hacen un eterno forastero. Él se considera mexicano, pero no vive en México, y pese a que ha vivido casi toda su vida en Estados Unidos, no se considera norteamericano. Esta condición de constante extrañeza ante el mundo que lo rodea, aunada a una personalidad rebelde y contestataria, no le permiten conformarse con su entorno. El artista permanece con los sentidos afilados para detectar todas las incoherencias de las personas y de la sociedad que le tocó vivir y es a esta sociedad a la que le toca observar con atención los postulados de un autor que no descansa en la búsqueda de la identidad personal y de las huellas que definen su tiempo.

Entrevista exclusiva, revista Arte Al Limite N°28

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