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LI WEI, MISIL CHINO ATACA
Es cierto, China está de moda y no podemos evitarlo. Cada día más, somos invadidos por esta cultura milenaria y actual imperio económico que creció tras la rara confluencia de comunismo y sistema neoliberal.
Dentro de este contexto, hemos entrevistado a Li Wei, destacado performista chino cuya obra ha sido ampliamente recibida por el público de Occidente. La clave en su trabajo es alejarse del estereotipo del arte oriental, para crear un universo a partir de sus propias experiencias en su país de origen. En este sentido, su producción se convierte en un referente inevitable a la hora de querer entender los conflictos de la sociedad china actual.Quizás la obra del chino Li Wei funcione tan bien en Occidente, porque es simplemente directa. En los registros fotográficos de sus performances, se ve siempre al propio artista cual misil cayendo a tierra y penetrándola enérgicamente, tal como China lo ha hecho en el mundo.
Indudablemente la serie “Li Wei falls to…” (“Li Wei cae en…”) tiene un mensaje perturbador y una forma genial: el autor se convierte en instrumento de fecundación, su mensaje es un meteorito. ¿La penetración de la China globalizada o el derrumbamiento de la China tradicional?
De las más diversas lecturas que uno pudiese hacer sobre su producción, existe una que permanece siempre y es el tinte político-social. “La serie ´Li Wei falls to…` es acerca del sucumbir del espíritu y la cultura de China ante Occidente”, respondió el artista al preguntarle cómo interpretar esta obra.
“Mi trabajo en performance está basado en las condiciones, eventos, noticias y actividades diarias de mi existencia. China ya no está aislada, sino conectada con el resto del mundo. Estas interconexiones encuentran su modo en mi obra y mi estética. Así, la ´geografía` de mi trabajo es tanto nacional como internacional. Refleja el conflicto y las condiciones de la China moderna, externa e internamente”, explicó en una entrevista entregada hace unos años a otro medio de comunicación.
Si vemos la trayectoria de Wei, descubrimos dos elementos que entran siempre en tensión: la gravedad y no gravedad, la realidad y la ilusión, el cuerpo y la cabeza. La confrontación de estos elementos ha convertido su obra en un referente, ascendiéndolo en una meteórica carrera como artista. Tal como en sus acciones, el artista penetra con facilidad el terreno del arte internacional. Pero remitámonos al comienzo.
Los primeros pasos
Li Wei responde a una segunda generación de performistas chinos que, influidos por autores como Zhang Huan y la East Village de los ‘90 (comunidad de artistas que vivían y trabajaban en las afueras de Beijing), descubrieron en la acción de arte, un poderoso instrumento para hablar de los cambios en la sociedad china tras la apertura económica iniciada por Deng Xiaoping a fines de los `70.La vida de Li Wei podría ser perfectamente el guión de una película: nacido en 1970 en la zona rural de Hubei, hijo de un campesino que lideraba el partido comunista en esa ciudad, se fue a Beijing para estudiar arte. Lo hizo durante solo un año y luego abandonó la escuela, por considerarla demasiado tradicional y académica. Entonces comenzó a ganarse la vida de las más diversas formas, experimentando lo que la mayoría de sus compatriotas hacía a diario: tratar de sobrevivir en la gran ciudad, en la nueva China. Esa experiencia lo marcó profundamente, entregándole a su trabajo un discurso social donde cuestiona a un país lleno de contradicciones.
Los primeros pasos en el arte fueron en la pintura, pero a poco andar el joven Wei descubrió lo que se convertiría en su gran herramienta: la performance. Ello, gracias a su acercamiento a Zhu Ming, un artista cercano a la East Village. Fuera del sistema del gobierno comunista, sin apoyo ni situación económica consistente, los artistas se valieron de sus propios cuerpos para dar su mensaje. El autor quedó profundamente interesado en esta disciplina y comenzó rápidamente a utilizarla.
Estás, no estás
Las primeras acciones de Li Wei –todas debidamente registradas– datan de 1999. En “Tape on mouth” (“Cinta sobre la boca”), el performer aparece con tres personas más en una escena donde los cuerpos desnudos lucen cubiertos de parches para heridas, mientras juegan a las cartas junto a una mesa llena de velas, que bien parece una animita. El simbolismo político de su obra se vería desde los inicios.Pero será el año 2000 el gran descubrimiento de Wei. Para la noche inaugural de la Bienal de Shanghai, el artista irrumpe en la ceremonia de apertura –sin invitación, claro está- con una performance que se convirtió en su gran salto a la fama. “Mirror”, consistía en un cuadrado de espejo (de 90 centímetros por lado) con un agujero en el centro, por donde introdujo su cabeza, reflejándose ésta en el mismo espejo. La audiencia presente en la ceremonia quedó alucinada con el efecto óptico de la acción: al mirar este espejo humano, donde el mismo público se reflejaba, daba la sensación de que la cabeza del artista volaba entre la gente.
A partir de entonces, realizará la serie “Mirror” en diferentes partes del mundo y el uso del espejo se convertirá en un elemento clave en sus performances. Ocurre así en “Baobao and I” (2001), “I am on the railing” (2001), “Play me” (2001), “Many hearts hold the moon” (2001) o “Transparent ecology” (2001). En todas estas acciones, Wei maneja con humor y asombrosa simpleza el efecto de “cabeza voladora” que le entrega el uso astuto del espejo. Ello le permite hacer una intersección entre realidad y ficción; lo que vemos es solo un juego óptico donde el performer reflexiona sobre la ilusión y la construcción de realidad. El autor se interesa en cómo un artista puede manipular lo que aparece como real. Al preguntarle cómo trabaja “la realidad de lo irreal”, advierte que prefiere hablar de “realidad ilusoria”: “Mis trabajos muestran un estado inestable, una presentación realista del sentimiento escondido de crisis y pérdida de raíces en la sociedad contemporánea”, nos dice.
El artista avestruz
El año 2002, Li Wei sumará a su vocabulario un nuevo elemento: el uso de la gravedad. Ello, a través de la serie “Li Wei falls to…”, donde se muestra a él mismo como si fuese un meteorito enterrado en los más diversos y exóticos lugares: en medio de la calle (“Li Wei falls to the earth”, 2002), en una pista de baile (“Li Wei falls to the Red Square”, 2002), en un sitio eriazo (“Li Wei falls to the Relic”, 2003), en el parabrisas de un auto (“Li Wei falls to the Car”, 2003), en el hielo (“Li Wei falls to the Rifter”, 2004), frente a una galería en Italia (“Li Wei falls to italy”, 2004), en medio de un lago (“Li Wei falls to Como lake”, 2004), en un yate (“Li Wei falls to Venezia”, 2005), o en el muro de una galería de Nueva York (“Li Wei falls to the New York”, 2006), entre otros. Esta serie tendrá gran éxito en Occidente e internacionalizará su carrera con exposiciones individuales en Nueva York, Milán, Madrid y Seúl, llevando su obra a las portadas de prestigiosas revistas de arte.Lo interesante de estas acciones es el entierro de la cabeza “tipo avestruz”, como si el artista se escondiese para evadir la realidad. Para el performer, la cabeza (el cerebro, la mente) lo controla todo, determina el concepto de realidad que tiene la persona y cuando la entierra, su ser racional es incapaz de responder a los eventos. Según explica, esta acción es una respuesta a la sensación de que la rapidez en la sociedad moderna, no nos deja tiempo ni espacio para pensar cómo queremos vivir nuestra vida.
Con el paso de los años, el artista cada vez arriesgará más su cuerpo y jugará con la tensión que se produce con la pérdida de la gravedad. Encontraremos acciones como “Freedegree over 29th Story” (2003), donde el hombre sale volando por una ventana, sujeto apenas por las manos de unos amigos; “The Life is alot it one” (2004), donde el artista vuela por la acción de azote que una mujer va a realizar con él o “In the Earth surface” (2004), donde prácticamente estaría volando si no fuese por un grupo de personas que lo sostiene evitando que se eleve. “Estas piezas de trabajo expresan un estado de control (controlar y ser controlado) y libertad”, nos explicó.
Uno de los riesgos mayores que ha tomado el artista ha sido subir a la azotea de un edificio en construcción con su mujer y su hija de pocos meses de vida. En “A pause for humanity” (2005), Li Wei pareciese gritarnos que nos detengamos por unos momentos y veamos cómo estamos arriesgando a los que más queremos con este tipo de vida.
Hay que decir que todas estas acciones son realizadas en un escenario real, pero con la ayuda de cables de acero para sostener al artista en las insólitas posturas, ligaduras que luego no aparecen en el registro. El artista las borra al trabajar las fotografías con photoshop.
¿De qué manera tus performances son una reacción a la China erigida tras la apertura económica y ante la globalización?
En la serie “Mirror”, el espejo reflejando el cuerpo es una respuesta a las transformaciones en la “Nueva China”, reflejando un cambio que es tan real, pero ilusorio a la vez; con una sensación de libertad a la deriva. También las series de trabajos en que vuelo o pierdo gravedad son reflejos de esos cambios en mi país.¿Cuál es la relación entre gravedad y no gravedad en tus acciones?
La gravedad representa las reglas y el sistema, el poder invisible, el mal, las mentiras. Cero gravedad representa la libertad, el idealismo y la bondad en un individuo.¿Sientes que tu trabajo es un gran salto entre el arte chino tradicional y el realismo social promovido por el gobierno comunista? ¿Cómo asumes este salto?
No lo pensé cuando hice mi trabajo, pero estoy seguro de que mi obra está muy relacionada con el rápido desarrollo de China y los ajustes que ello trae: cambios en el medio ambiente, en la economía, en el pensamiento, así también en la humanidad como resultado de las influencias globales.¿Temes de lo que la globalización pueda hacerle al mundo? ¿Crees en “un mejor mañana”?
La globalización de por sí es un buen concepto, pero actualmente ha sido utilizada para luchar por los beneficios económicos e intereses de regiones individuales. Yo deseo tener un futuro mejor.Isidora Cabezón Papic, periodista
Revista Arte Al Límite, edición nº 27
















































































