Juan Cristobal Abadie

Juan Cristobal Abadie

pintura / Figuración

Galeria

Reseña

Juan Cristóbal Abadie
Pasión por la forma

Línea tras línea el artista captura la luz y sombra, el volumen y la textura, de la figura humana, en una incansable búsqueda de una sutil perfección y de la transformación del cuerpo en obra de arte.
Por Leonie Schilling, periodista

Fue un flechazo lo que llevó a Juan Cristóbal Abadie a dedicarse en cuerpo y alma al dibujo de la figura humana. En cuerpo, porque trabaja hasta 18 horas diarias incansablemente en sus dibujos, y en alma porque asegura que “dibujar el cuerpo de una modelo desnuda era, sin saberlo, todo lo que yo había querido en la vida”. Es su razón de ser, una fuente de energía y arrojo, y también de entrega.

Meticuloso y obsesivo, ha hecho del carboncillo, los lápices y las barras de pastel, instrumentos para expresar todo lo que lo seduce; las líneas y curvas de un cuerpo femenino. Desde hace 10 años que el artista dibuja sin parar, sobre un papel que le permite dar rienda suelta a toda su creatividad. Día a día busca atrapar las emociones que, profundas, provienen de una fascinación por obras clásicas de Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Caravaggio y De La Croix, Ticiano, Géricault, por mencionar algunos.

En su taller, junto a sus obras en proceso, hay un montón de lápices, cuyas puntas son casi invisibles; Juan Cristóbal Abadie casi no usa sacapuntas, sino lija. No podría trabajar de otro modo cuando la luz y la sombra son los pilares de su trabajo. “Busco la sutileza de los volúmenes a través de la luz y la sombra, que siempre están en una lucha constante. Todos los objetos, para que cobren su valor, para que provoquen, necesitan de la luz y la sombra. Las líneas de la piel, sobre todo las de la mujer, son suaves, tienen un diálogo que revela una conexión sutil entre estas sombras que comienzan a marcar la forma y develan el cuerpo”.

Las piernas, manos y cuerpos del artista suelen estar dispuestos sobre sábanas cuidadosamente dibujadas, detalle fundamental para el artista. “Los paños no son una compañía solamente, porque podría trabajar mis obras sobre mármol y trabajar su brillo. Hay un diálogo en los pliegues y en la suavidad, es una seducción de formas, que se complementa y comunica con la figura humana”.

Capturar el cuerpo
En las paredes del taller del artista cuelgan fotocopias de obras como la Pietá, la Última Cena, y distintos retratos de Jesús. “Me fascina la figura de Jesús. Si tú analizas toda la historia de la pintura en torno a la figura de Cristo, puedes reconocer que todos los cuadros están plasmados de una pasión increíble, con una belleza conmovedora, pero también insinúan un erotismo en relación alcuerpo. Esta temática me atrae mucho, y siempre tengo mis fotocopias en blanco y negro, porque a través de la luz y la sombra aparecen los cuerpos y se revelan las formas. Me he rodeado de estas imágenes, porque tienen una fuerza expresiva, una pasión a través del cuerpo”.

La fascinación por el dibujo surgió cuando el artista comenzó a preparar su carreta de arquitectura. Para ingresar a la Universidad Católica de Valparaíso se debía dar una difícil prueba de dibujo. Juan Cristóbal, quien en su vida había dibujado, la preparó con el pintor Sergio Soza, quien hacía figura humana. “Soza era para mi un Miguel Ángel moderno o descontextualizado. Tras terminar la preparación me dijo que haría un taller de figura humana con modelos y que le encantaría que participara porque pensaba que yo tenía “algo”. Y él, siendo tan profundo, me habló de la parábola de los talentos; que es responsabilidad de uno hacerse cargo del don que a uno se le dio. Me dijo que era su responsabilidad hacerme ver lo que él había descubierto en mí. Acepté, y la verdad es que fue increíble, fue descubrir un mundo impresionante”.

El lugar en que el artista se enamoró del dibujo y el cuerpo humano era una casa antigua, de adobe, con cielos de doble altura, muy oscura. “Imagínate eso. Trabajábamos en este espacio con una estufa de parafina que impregnaba todo y con una modelo totalmente desnuda, posando para que podamos admirar sus formas y dibujarla. Fue impresionante, un shock, un enamoramiento, un flechazo. Surgió en mi una vorágine por el dibujo, de dibujar, dibujar, dibujar. Sentía que ese cuerpo se iba a ir y en esas dos horas de Taller yo tenía que tratar de hacerlo todo, de hacer lo máximo con esa figura. Lo único que se escuchaba el raspado de las barras, y yo terminaba negro, porque siempre he sido muy apasionado y me ensucio entero”, recuerda.

Nunca se inscribió en arquitectura. Tres días antes se matriculó en Arte en la Universidad de Chile, sin pensarlo, y dio inicio a una carrera que en la actualidad lo tiene trabajando exclusivamente para la Galería Isabel Aninat, con quien viajará a las ferias más importantes de Latinoamérica.

Obsesión por el trabajo
Centrado en la luz, la sombra y la forma, Juan Cristóbal nunca se interesó por hacer otras cosas. “La figura humana a mi me flechó. Dibujar una modelo era como vivir la vida de un pintor de la manera que yo la imaginaba; perfecta, con la pasión, la cosa inmediata, el cuerpo que está ahí, a merced tuya para que lo puedas dibujar”, explica.

“Tengo una manía por querer abordar el cuerpo, por querer hacerlo mío, por poder conquistar esa forma y esas luces… es una obsesión, este trabajo es una obsesión. Que con un lapicito o con un pincel, o con un color, o una materia, pueda transformar esa figura y hacerla imagen, crear algo casi palpable, es algo que me tiene totalmente fascinado. Finalmente quiero hacer sentir al espectador lo que yo siento, y para eso tengo que ser capaz de expresarlo perfectamente sobre el papel”.

Publicado en revista Arte Al Límite Nº 40, enero-febrero 2010

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