Galeria
- Reseña
-
En los primeros trabajos es visible su talento para representar y la soltura con que maneja los medios propios de la plástica. Detallista, obsesivo, riguroso, es palpable su tendencia a la perfección. Los temas son variados aunque siempre aparecen elementos característicos de la cultura de Chiloé. Por un tiempo largo sus obras son exploraciones en un mundo cargado de componentes. A medida que encuentra un cauce, las grietas por las cuales habrá de fluir su lava ardiente, se simplifican los elementos de sus cuadros. Según su propia percepción, la primera vez que reconoce un planteamiento de cierta unidad y coherencia en cuanto a forma y sentido en un conjunto de trabajos es con “El silencio de los corderos”, obras presentadas por primera vez en Puerto Varas en 2003. Aquí aparecen con fuerza sus características más destacadas: pocos elementos, tal vez aludiendo a la austeridad de la cultura tradicional de Chiloé; repetición de personajes en distintos escenarios entre ellos las ovejas y nubes que han llegado a ser un sello propio de su “decir”; el uso del color como un recurso que mezcla humor, crítica y ternura. El despliegue de este universo lleno de tonalidades e imágenes aparentemente inocentes� señala su encuentro festivo con un lenguaje� cada vez más personal. Con entera libertad se permite exponer la mirada de la inocencia como si fuera un niño� el que ve y colorea su ensueño pero desde su posición al margen, como la oveja descarriada que pasta a metros de las demás. El artista ha logrado crear una realidad otra donde se asoman ovejas, campos, cercos, nubes con la insistencia en que cada uno de ellos se allegan a la memoria. El ejercicio persistente de su oficio le ha permitido conjugar sus dos fortalezas: el intelecto y las brumas de su mundo interior. En la descripción juguetona de animales y entorno natural, se reconoce el campo mítico del Chiloé pre moderno, pero� su entrenada inteligencia responde de inmediato a la ternura de la nostalgia con la duda por la aparente armonía, y lo manifiesta en los remarcados trazos donde la belleza y tranquilidad parecen un espejismo. Cuestiona, por supuesto, los lugares comunes que describen el mundo físico y cultural de Chiloé. “Nada es lo que parece Sur” es el acertado título de su último grupo de trabajos que ahonda en la crítica a una transformación agresiva y radical del “lugar ameno” que aún deja aparecer en sus pinturas (y ahora también esculturas de pequeño formato) con una sonrisa socarrona.¿Y el hombre dónde está? Hace años que la figura humana no está presente, podemos adivinar su tránsito en el interior de las casas por las que sale humo o subiendo por estrechos senderos o reparando los cercos que retienen a los apacibles corderos. Diríamos, continuando con la interpretación general, que tal vez el hombre permanece detrás de las superpuestas capas de protección como alejándose por propia voluntad de un escenario que ya no le es propio. � � � “La pintura� es sólo eso, pintura” afirma con énfasis, “no tiene apellidos ni sirve para nada”. José Triviño se resiste a dejarse aprehender en una relación simplista de contenidos y causas, exige una lectura profunda� que no se deje tentar por la primera impresión (aunque ella esté contemplada dentro de la mirada general) y una de las claves para esa lectura es, sin duda, la profunda molestia con el tiempo presente, con sus múltiples maltratos a la naturaleza y con la enajenación de los propios habitantes que se suman a la aparente fiesta de la modernidad despreciando una forma de vida más amable, más humana.Rosabetty Muñoz, Poeta de Chiloé.10 de Julio de 2007“NADA ES LO QUE PARECE SUR”José TriviñoLa presente serie es un llamado de atención al sentido común, mejor dicho a la FALTA de sentido común!� � � � No es necesario hacer un esfuerzo para darse cuenta del desastre medio ambiental que nos rodea, las señales son evidentes.Las imágenes plasmadas en las telas, no corresponden únicamente a hechos puntuales de la isla originaria del artista, sino que lamentablemente se repiten en diversos lugares de nuestro sur.El artista reconoce que la IRONÍA también está presente en estas obras, juega con ella, por ejemplo, para realzar el efecto de postales en las pinturas, las enmarca con un ribete blanco, refiriéndose sarcásticamente al infaltable “souvenir” , sin embargo éstas son las postales del sur de Chile que no queremos recordar. Pero no todo está perdido, una cuota de OPTIMISMO se logra entrever en ellas, sutiles y esperanzadoras salidas: una rudimentaria escalera al infinito, una incólume oveja ejemplo de estoicismo, un fugaz y alentador ventarrón de aire puro... Sin embargo esta muestra no es simplemente una crítica teñida de verde ecologista, como podría pensarse en una primera lectura; Triviño pone en tela de juicio la calidad valórica de nuestra sociedad actual, aquella que le da mayor importancia a la forma más que al contenido. Existe una DICOTOMÍA fundamental en su obra: la belleza de la pintura v/s lo apocalíptico del significado.Con respecto al origen de esta serie, la idea nace hace un par de años a raíz de una parodia a una carta postal, que corresponde a un trabajo de arte de Guillermo Grez, amigo del artista.Cuyo relato podemos leer en la última página de su catálogo.En cuanto a la monocromía de las pinturas, es decir la utilización “aparente” de un solo color, comenta que a diferencia de sus anteriores creaciones en las cuales sí empleó bastantes tonalidades, como en la serie “El color de las preguntas” también expuesta en la Galería Bosque Nativo el año 2005; en esta ocasión consideró pertinente usar como recurso visual la monocromía para evitar distractores. La intención es hacer más explícito el significado y más directo el mensaje, y así producir un efecto rotundo en el espectador. Lo mismo ocurre con la dimensión de las telas, ya que el considerable formato también provoca una impresión en la concurrencia. Dice que, aunque suene cliché, ésta es la primera vez que lo pasó tan bien durante la creación, “el proceso fue más importante que el resultado. De verdad lo disfruté”.
Entrevista hecha por Marisol Sotta, Historiadora de Arte, U SEKResidente en Puerto Varas
















































































