Francisco Gazitúa

Francisco Gazitúa

escultura / abstraccion

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Reseña

FRANCISCO GAZITUA
La necesidad de las raíces

Sus temas están en nuestro propio territorio. En el paisaje, en la figura humana y en las formas de caballos y buques antiguos. Con una amplia trayectoria, uno de los escultores nacionales que más ha contribuido en cantidad y calidad al arte chileno, cuenta al mismo tiempo con un trabajo académico que le ha valido también el reconocimiento internacional. Si hay algo que enorgullece a Francisco Gazitúa es que desde Chile ha logrado convertirse en un referente de la escultura en la escena internacional. Miembro Asociado de la Academia Real de Ciencias, Letras y Bellas Artes de Bélgica -donde llegó en 2007 a reemplazar nada menos que al escultor británico Lynn Chadwick- y culminando recién un monumental proyecto escultórico en Toronto, Canadá, donde fue premiado dentro de un concurso mundial, el escultor puede decir con propiedad que ha alcanzado un lugar allí donde artistas como Roberto Matta, Alfredo Jaar y Caudio Bravo, lo hicieron emigrando del país natal. Y no sólo eso: también ha conseguido concentrarse en las afueras de la ciudad. Desde las laderas de la Cordillera de Los Andes, al sur oriente de Santiago, en San Juan de Pirque, el autor ha hecho de su trabajo el resultado de una convivencia cercana con el escenario natural que habita, conociendo con mayor profundidad terrenos fértiles que finalmente le han significado motivo, materia y pasión a su obra. Nacido en 1944, Gazitúa estudió Filosofía y Escultura en la universidad, para luego ganar una beca y realizar un postgrado en la prestigiosa St. Martin`s School of Arts en Londres. En sus inicios, trabajó con escultores nacionales tan célebres como Marta Colvin y Samuel Román, así como con Tim Scout, quien fue uno de sus maestros mientras residía en Inglaterra, país donde pasó ocho años. A Chile volvió en 1985. Su carrera lleva en sí una interminable lista de obras, exposiciones, premios, experiencias académicas e iniciativas en torno al desarrollo de la escultura en Chile y el mundo. La importancia de su carrera es el trabajo el fierro forjado, piedra o madera que unifica nuestra propia tradición escultórica -ligada al paisaje- con la de maestros ingleses como Henry Moore, Anthony Caro y Tony Cragg, sumándole peso subjetivo y temático a una abstracción que juega con líneas y vacíos para terminar configurando formas dialogantes con el espectador. "Dentro de tanta búsqueda por la novedad y la vanguardia, el arte ha terminado transformándose en un trabajo de academia o de clínica; aséptico, fome. Perdimos al público. Corresponde entonces retomar los nexos con la historia y con el interlocutor, entablando un trabajo que sea cercano y también de significancia cultural", precisa Gazitúa sobre una búsqueda creativa que lo ha hecho volver al concepto decimonónico de "estatuaria", generando "estructuras con contenido". El tema del paisaje se advierte en series como "Tierra del Fuego, árboles sin sombra" (2006, Galería Artespacio), su última exposición individual en Chile y un trabajo específico sobre los bosques de Lenga de la zona más austral, especie que por el viento crece pegada al suelo. La muestra entregó una infinidad de soluciones plásticas al análisis y representación de un elemento que es símbolo de nuestra tierra, cercanía con "lo chileno" que aborda al mismo tiempo a través de otras temáticas como la figura humana, o en formas de caballos y buques. Reconocible más que nada por sus esculturas realizadas en fierro y de formato monumental, el artista ha propuesto diversas formas de trabajarlo, de investigar el material, de conquistar el espacio -muchas veces en contextos urbanos- con figuras que desde sus direcciones dibujan y trazan cuerpos bellos y complejos. En metal, tiende a lo recto, al armado de mayor cantidad de piezas en una dinámica incluso matemática. Así, aparecen claras referencias a maquinarias, a instrumentos de medición, a cuerpos llenos de detalles precisos. En la piedra aparecen rasgos más sutiles. Intervenciones menores, más minimalistas, más táctiles y corpóreas. Este trabajo evoca sin duda al cuerpo y a un estado humano. Mientras podría decirse que sus obras en fierro son interpretaciones más maquinistas, obras que evocan el en sí construir, la piedra se aleja de aquello para investigar sobre el potencial de su masa, de su peso y texturas. Inmensas obras en fierro sin saberlo se alzan livianas, mientras que medianas o pequeñas obras en piedra nos hablan sin duda de tierra y densa corporeidad. El trabajo en fierro lo desplaza automáticamente al ámbito de la invención, del descubrimiento, y el mundo de la piedra y la madera lo adentra en el mundo de ensimismamiento y del recuerdo. Gazitúa se desdobla en un juego que finalmente lo retrata y donde ambas direcciones logran la unidad desde una cercanía con la pureza, con la armonía, con el control y descontrol de las dinámicas que habitan el cuerpo y el espacio que su obra genera. No obstante situado en su taller cordillerano, Gazitúa viaja por el mundo. Es así como estuvo cuatro años trabajando en el proyecto de Toronto, de donde viene llegando. Allí, frente al lago Ontario, generó un conjunto que involucró incluso mobiliario urbano, siendo ejes dos esculturas monumentales en acero, "Rosa naútica" y "Barca volante". A esa ciudad deberá volver pronto, ya que se adjudicó un nuevo proyecto que lo situará frente a un edificio público y al que deberá dedicar dos años. Hasta marzo, exhibe además en el Museo Andino, ubicado en la Viña Santa Rita, comuna de Buin, al sur de Santiago, siempre consecuente con algo que se respira en toda su obra artística y académica, que es la necesidad de las raíces. Tal como lo señaló una vez: "Esta América mendicante, esta curiosa, atisbante, vagabunda, imitativa América, estudiosa de Grecia y de Roma, de Inglaterra y de Alemania, se quitará algún día sus zapatos polvorientos y su capa de viajera, y se sentará en el hogar, reposadamente, con una profunda alegría pintada en el rostro. Porque el mundo no tiene un paisaje como éste, ni los eones de la historia conocen una hora parecida, ni el futuro una oportunidad igual".

Ximena Moreno, artista visual
Revista Arte Al Límite Nº 29

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