Galeria
- Reseña
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Fernanda Saldivia
Al rescate del asombro
Es un mito que la imaginación se agota en la vida adulta, una nueva mirada demuestra que está muy viva.
Su taller está en el subterráneo de un edificio ubicado en Vitacura con Vespucio. No le incomoda, ni da muestras de querer cambiarse. Muy por el contrario. En ese hábitat creativo se encuentra la prensa para grabado que da vida a muchos de sus coloridas obras por donde deambulan objetos, animales y personas en los lugares menos evidentes y cumpliendo roles insólitos. “Hay mensajes que subyacen”, dice, “pero es tarea del observador descubrirlos”. Así, un espejo en un bosque, una planta que parece ave o un colgador de ropa que se desprende desde el sol, obliga a mirar nuevamente para continuar sorprendiéndose.
Fernanda Saldivia es diseñadora gráfica y luego estudió licenciatura en estética en la UC, carrera que le permitió encontrarse definitivamente con su mundo interior y potenciar esa capacidad constante de imaginar elementos y situaciones fuera de la realidad concreta.
De niña, recuerda, se arrancaba a la casa de su abuela materna a hacer lo que más le gustaba, dibujar y pintar.
Al ver que no era un capricho de su nieta, siempre la alentó a seguir esa vocación artística. “Ella me compraba blocks, lápices de colores y acuarelas y ahí dibujaba casas grandes con muchas ventanas para poner a todas mis mascotas: perros, gatos y hamsters”.
“A través de mi obra busco rescatar la capacidad de asombro de las personas, mediante el desarrollo del cuento y del color para que juntos transformen lo pragmático y objetivo”. De ahí que se identifique tanto con los niños, porque ellos son capaces de distinguir infinitas capacidades y transformaciones del entorno, sin que interfiera ninguna clase de límites.
Apasionada y metódica ha realizado diversas muestras que este año continúan. ”Estoy preparando una nueva exposición que se llamará ‘La casa de las bestias’. Son matrices en aluminio hechas con la técnica del aguatinta y aguafuerte, con las que pretendo mostrar espacios interiores con animales descontextualizados”.
Por Rodrigo Béraud, revista Caras
















































































