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El consumo que consume
La joven artista formada en México es parte de una generación que se vale de las mismas estrategias de los medios de comunicación y de espectáculo, para referirse críticamente a la sociedad actual. En sus fotografías digitales no solo hay bellas mujeres captadas en su mundo íntimo, una producción impecable, brillo y gran color; también la ironía de que a la vuelta de la esquina (de nuestra propia casa) podríamos encontrar la muerte. “Me interesa la artificialidad como la verdadera naturaleza humana; la destrucción que resulta de ser tan creativos”, nos dice la autora cuya obra fue notablemente critica en la pasada versión de MACO (México) y que en junio abre una exposición individual en Galería Adhoc, de Vigo, España.
Que la fotografía haya ganado terreno en los grandes encuentros de arte internacional no es una novedad. Que la mujer y los temas de género sean una preocupación de amplio registro, ¡tampoco! ¿Cuál es la novedad, entonces, en la obra de Daniela Edburg? ¿Qué es lo que fascina en sus imágenes que la hacen figurar como uno de los nombres relevantes en la última generación de artistas mexicanos?
Es la dulzura, claro está. La dulzura y la ironía de un registro aparentemente cándido, pero perverso, que habla tanto de la mujer en su mundo cotidiano, como de artificialidad y de cuerpos atrapados por un secreto apremiante. Es la dulzura, el color ácido, la luz y la factura de escenas impecablemente producidas; es la seducción y esa estética post-pop que acude a una visualidad muy MTV, que cita al mundo publicitario, al cine, al cómic y la historia del arte, refiriéndose también a la sociedad de consumo y al gran tema de la muerte.
Algo así ha sido “Drop dead gorgeous” –serie trabajada entre 2005 y 2007, que le ha dado gran visibilidad–, donde el estereotipo de la mujer actual, joven y bella, protagoniza escenas que transitan entre el ámbito doméstico, el deseo, la ironía y la tragedia. En esta producción, suicidios, desfallecimientos, certeras embestidas de objetos cotidianos, terminan con los cuerpos tendidos en el baño o el jardín, siendo imágenes saturadas, donde –en segundas y terceras lecturas– la mujer que muere por el uso de un shampoo en la tina alude a la pintura “La muerte de Marat” de J.L.David, o el ataque de unos plátanos voladores dentro de una habitación recuerda a la película “Los Pájaros” de Hitchcock.
Nacida en 1975 en Houston (Texas, Estados Unidos), la autora creció en el país de más al sur, en la ciudad de San Miguel de Allende, estudiando Licenciatura en Artes Visuales en la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México, lugar donde se especializó en pintura. En el Distrito Federal es donde reside y trabaja actualmente.
Luz, cámara ¡acción!
Las primeras exposiciones datan de mediados de los años 90, siendo los 2000 el momento de su inserción internacional: a través de exposiciones colectivas y ferias de arte, ha expuesto en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona (España), en Winfield y Room Gallery de California, en AAF Contemporary Art Fair de Nueva York, en Art Miami, Arte Américas (Miami) y Art Chicago (Estados Unidos), Art Istambul (Turquía), en Arco (Feria de Madrid, España); y en las prestigiosas galerías Florencia Riestra y Nina Menocal de Ciudad de México, realizando exposiciones individuales en Kunsthaus de Miami y Santa Fé (San Miguel de Allende) y en Aldaba Arte (también del DF). En junio de este año abre, también en solitario, en Galería Adhoc de Vigo, España.¿Cómo ingresas a la fotografía y cuánto tiene de pictórico aún tu trabajo?
En toda la carrera mi taller principal fue pintura. Mi fuerte era y sigue siendo el color y la composición, pero mis limitaciones en cuanto a dibujo eran muy grandes por lo que mis imágenes resultaban muy estilizadas y caricaturescas. Cuando me propuse llevar al lienzo una idea mucho más específica, me di cuenta de que carecía de la técnica necesaria. La fotografía resultó ser el medio que me resolvía este problema. Fue una cuestión ortopédica. Necesitaba que una máquina capturara por mí las imágenes que yo estaba visualizando. Aún construyo mis imágenes como un cuadro y mucho del trabajo más importante lo hago en la posproducción. En el retoque digital paso horas “pintando” sobre la foto. Es ahí donde le pongo el color, la luz, la expresión y el drama.¿Cuáles han sido las preocupaciones que han animado tu producción?
Siempre ha habido una preocupación por las muchas contradicciones que definen la existencia del ser humano. La conciencia de la muerte que nos hace cuestionar la vida.
La profundidad en lo que aparentemente es superficial, ya que esa superficie tan bien acabada que parece hueca es resultado de un trabajo minucioso en todas las capas que esconde debajo. La artificialidad como la verdadera naturaleza humana, la destrucción que resulta de ser tan creativos.¿Cómo produces las imágenes que retratas?
Generalmente, tengo bien visualizado lo que quiero antes de empezar a juntar lo que necesito, pero ya en el proceso me gusta improvisar y ser flexible. Lo espontáneo a veces funciona mejor que la idea original y las coincidencias han resultado ser parte clave del trabajo. Luego hay una etapa de recolección de elementos, no solo de los objetos físicos que van a salir en la foto, sino también de referencias visuales a la pintura, la publicidad, el cómic, el cine y así, dependiendo de cada foto. A veces parto de un lugar, a veces de un producto que me gusta por su diseño, a veces de una persona, y de ahí se va armando la situación. La toma de la foto se hace en un día, en un ambiente muy informal, entre amigos. Normalmente es divertido y social. Entonces viene la parte que a mí más me gusta, que es sentarme sola frente a la computadora a trabajar por horas o días, a revisar los archivos, hacer notas, escoger los mejores gestos, la mejor luz, y empezar a poner capas sobre capas hasta que la imagen esté terminada y lista para “aplanarse”. Como cada capa pesa, la foto se debe “aplanar” antes de imprimir para que el archivo no sea tan grande.¿Quiénes protagonizan tus fotos?
Todas son amigas mías. Hay algo de ellas en cada foto, aunque los personajes que representan son muy genéricos.¿Cuál es la mirada sobre la mujer que vas estableciendo?
Yo creo que mi trabajo es femenino, porque es personal. Pero los temas que se tocan son preocupaciones de una generación más que de un género. De la relación amor-odio que tenemos con nuestro entorno, del consumo que nos consume.¿Y sobre lo cotidiano?
En lo cotidiano nos resguardamos del inevitable paso del tiempo y es ahí, en las pequeñas cosas aparentemente insignificantes, pero que repetimos una y otra vez, donde terminamos por definirnos.¿Qué referentes se conjugan en la particular estética que desarrollas?
En mi trabajo hay referencias a la publicidad, al cine y la pintura, utilizando imágenes que resuenan a un nivel personal, siendo finalmente bastante universales. Hay películas como “El Mago de Oz” (“Muerte por Algodón de Dulce”), “Nosferatu” (“Muerte por Café”) o “Godzilla” (“Muerte por Tupperware”). Para mí hay una estrecha relación entre la fotografía digital, la pintura y el cine, en la manera de trabajar la imagen, de idearla y construirla, por lo que el remake no solo es irresistible sino que también es una manera de reconocer de donde viene el trabajo. En cuanto a mis artistas favoritos, unos tienen que ver y otros nada con lo que yo hago. Admiro a los fotógrafos Helmut Newton, David Lachapelle, Jeff Wall, Weegee, Sandy Skoglund, por mencionar algunos. Mi artista favorito de siempre, por obra, visión y filosofía, es Andy Warhol. En cuanto a estética me gusta mucho lo retro, especialmente la contradictoria era atómica de mediados de los años 40 y los ‘50 me provoca una nostalgia eufórica, una identificación ficticia e intrigante¿Cómo ingresas a la escena mexicana del arte contemporáneo y al circuito del arte internacional?
Empecé exponiendo en colectivas y espacios alternativos. Mi primera exposición importante fue en la Panadería, un espacio en la Colonia Condesa que siento fue clave para los de mi generación. Ahí conocí a muchos artistas y a muchos de los que ahora siguen siendo mis amigos. Un día fui a la Kunsthaus e hice lo que te dicen que nunca debes hacer. No llevaba carpeta ni nada, sino las fotos físicas, enmarcadas. Llegué y les dije: “Aquí se las dejo ¡Mañana regreso! Véanlas por favor y díganme qué piensan”. Y me fui rápido. Con ellos llevo trabajando seis años y, a través de la galería, de amigos y por mi cuenta, las imágenes se han colocado en diferentes publicaciones. Internet también ha sido un muy efectivo medio de difusión.¿En qué proyectos estás ahora?
El año pasado empecé la serie "Lo que queda del día". Son cadáveres en paisajes, donde el cuerpo muestra sus entrañas hechas de gelatina, tela, chocolates y rosas, de juguetes y pasteles, entrando en un proceso de descomposición para volver a la naturaleza. En video instalación tengo un proyecto que espero comenzar en un par de meses, “Las arañas”, que trata de la vejez, el paso del tiempo y las actividades cotidianas.Por Carolina Lara, periodista
Revista Arte Al Límite Nº 26
















































































