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Carlos Betancourt
De lo ancestral a lo contemporáneoEl trabajo de este artista puertorriqueño canaliza obsesiones en un sola imagen, en donde el texto y las formas se unen, los discursos y las superficies parecen una sola, y lo contemporáneo se hace uno con lo ancestral.
Carlos Betancourt, todavía esta absorbiendo lo que fue ”The Cut-Out Army” (El ejército recortado), su último trabajo en el cual reunió poco más 100 recortes de personas fotografiadas, en grandes di-mensiones, con las que el artista se presentó en Art Basel de Miami Beach, a fines del año pasado.
Es lo que aún lo lleva y lo gobierna, según declara, pero este grupo de imágenes queda a interpreta-ción nuestra. Tal como se ha desarrollado en diversas disciplinas -siempre visuales- no intenta mediar lo que cada uno proyecte en la obra, siendo simplemente lo que nosotros queramos que sea.
“Es lo que tu quieras, de verdad te lo digo. Estoy tan cansado de conceptualizaciones. La mayoría de los artistas que conozco se inventan el texto después de que la obra esta hecha (...) Cuando tenga necesidad de escribir un libro, entonces trabajaré con la palabra, pero mi forma de expresión es vi-sual. La palabras es mejor dejárselas a aquellos que tienen el don de usarla divinamente, yo -desgraciadamente- no”, afirma Betancourt.
Pero sus virtudes, que comienzan apaciblemente en una carpeta llena de garabatos, no requieren de un discurso, sólo de la contemplación artística y la intensidad cromática de su trabajo. Fue en esta misma dirección que su obra evolucionó, de nociones dispersas del simbolismo arcaico de pueblos africanos, precolombinos y caribeños en soportes tradicionales, a la composición saturada de colori-do, de cuerpo, arena y texto. Ahora fotografías de grandes dimensiones impresas en superficies como el plexiglás y más actualmente el vynil, agregan a lo ancestral el mundo de la publicidad, pero aleja-da de la manipulación digital y de la luz artificial.
La luz natural del día sustenta las tonalidades en cada proyecto de Carlos Betancourt. La monumental instalación "The Sounds-Symbols Project" (El Proyecto Sonidos – Símbolos) en las playas de Miami, es muestra de ello. En la víspera del equinoccio vernal del 2000, el artista junto a sus ayudantes insta-laron más de 2.500 estacas de madera con formas tribales de África y el Caribe. Cuando las horas avanzaron y el sol se desplazó hasta el horizonte, las sombras se expandieron, dibujando las formas en la arena. Pero fue dos años antes, en el 98’, que el multidisciplinario puertorriqueño agregó el ico-no fundamental de su trabajo: la figura humana.
“La piel es la ultima frontera visual del ser, (una) plataforma maravillosa para expresar. Fue de una de las primeras formas de expresión del ser humano. (Yo) simplemente lo contemporicé, como lo han logrado también otros artistas. No me gusta re-buscar mi obra, es una expresión visual y es lo que es. Que cada cual que lo interprete a su manera, a veces a mí ni me interesa interpretarla, simple-mente tengo una necesidad inexplicable de expresar una idea visual, es una emoción casi arcaica y muy poderosa. Me interesan más las preguntas que las respuestas”, agrega.
Vida y disciplina
Carlos Betancourt nació y se crió en San Juan, Puerto Rico, hasta que en 1981, con 15 años, se radica en Miami. De esta forma, es la arena, el mar y el contacto con la naturaleza, lo que rememora su vida insular. Su trabajo sobre la piel, la tierra y los espacios es en donde intenta reencontrar la unión del hombre con la naturaleza.Su paso por distintos talleres en la isla del Mar Caribe, sus estudios de arquitectura, diseño industrial y artes plásticas, le han permitido desenvolverse en diversas técnicas. Hoy es la performance la disci-plina que le permite unir y plasmar lo antagónico, en un hijo híbrido de culturas arcaicas y actuales resultante inevitable del camino recorrido. “Mi trabajo me llevó a eso. En algún momento un curador me dijo ‘estás haciendo performance’. Yo ni me había dado cuenta”, señala Betancourt, quien com-parte este tipo de producción artística con sus familiares y amigos quienes también participan en mu-chos de sus trabajos. “En el Caribe el arte es vivo”, aclara el artista; de ahí su necesidad de vivir en la obra, de no tan sólo comunicar sino trascender en el espacio.
Naturaleza temporal y universal
Betancourt desarrolla su búsqueda en series, con trabajos siempre asequibles, pero tan privados que se hacen indescifrables al espectador, distinguiendo tres dificultades fundamentales: el texto inverti-do, las formas tribales que devienen de su propia creación y las veneraciones estrictamente familiares que demuestran su intimidad.El pueblo Taíno apasiona especialmente a Betancourt. Los signos, símbolos y mitos en la obra del artista, se remontan a más de cinco siglos atrás, cuando Borinquén, isla que descubrió Cristóbal Co-lón en 1493 y que hoy conocemos como Puerto Rico, aún no era acosada por corsarios, ni controlada por Estados Unidos. Así, la labor del artista toma una dimensión antropológica de la historia del hombre y su trascendencia en ella, llegando al colectivo inconsciente, que según explica, lo conmue-ve.
El espacio privado y ancestral, se refleja en la serie “Letter to Aracoel” (Cartas a Aracoel) de 2001, donde Betancourt mezcló las cenizas de su abuela con tinta azul brillante. En el ritual, él sostiene una imagen joven su abuela Aracoel, mientras que su cuerpo desnudo y cubierto de texto, muestra lo per-sonal de la ceremonia.
El contacto con la naturaleza y su cercanía con materias como la arena y el mar, se hace más evidente todavía en la serie “La Arena Sabrosa II”, uno de los últimos trabajos de Betancourt, en donde 2.700 castillos de arena hechos a partir de un vaso plástico desechable fueron iluminados por una intensa luz azul. La obra, en la que el artista también se hace parte, explorándola y transformándola, es efí-mera y habla de la fragilidad de lo orgánico y del espacio transitorio que le otorga al hombre. En pa-labras del puertorriqueño, trata de “sustancias temporales y universales”.
Betancourt trasciende su identidad, fundiendo lo ancestral con lo contemporáneo, al hombre con la naturaleza y la materia, trabajando desde la frontera de sus emociones y expresando desde sus inter-rogantes y el arte su propia historia: “El arte está en todos lados, todo el tiempo. No es tan difícil ni exclusivo”.
Sandra Lodos, periodista
Revista Arte Al Límite, edición 25
















































































