Galeria
- Reseña
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EXPLICACIÓN OBRAS
Contrapeso
Ariel entrenó su cuerpo disciplinadamente durante dos meses para convertirse por un segundo en su propia bandera. El esfuerzo que hacemos para alcanzar un objetivo casi nunca corresponde al resultado final, muchas veces el esfuerzo no es proporcional ni coherente al objetivo. Esta pieza hace referencia a la famosa ausencia de un paradigma.Perro Balón
Un perro callejero, ignorado y maltratado por la gente, fue intervenido como una pelota de fútbol convirtiéndose así en protagonista de la escena urbana, creando gran atención y interés inmediatamente.Esta pieza trata de la indiferencia frente al individuo y como una acción absurda puede llevar a celebridad y atención.
Consumo minimo
Después de un ayuno prolongado Ariel bebe una cerveza y espera a su conversión en orina para finalmente almacenarla en el envase, usando el vacío como una medida de aprovechamiento. En esta obra lo que se ve es el residuo de la idea cuya esencia es invisible.Aires en la ciudad
Los globos son recipientes de aliento de individuos que sobreviven en la calle de la ciudad de México. Este trabajo es una documentación para una instalación de globos inflados con la idea que con el tiempo se desinflan los globos y el aire regresa a la ciudad.Ejercicio de sueño
Ariel Orozco se propuso hacer a la inversa algo que hacia todos los días cambiando el sentido y la utilidad de la acción mediante el uso del objeto. La cama está durmiendo sobre el durmiente.Rompecabezas
El esqueleto de un pollo es construido a partir de huesos individualmente obtenidos en diversos restaurantes donde la gente accedió a obsequiarlos para su consumo. El esqueleto está formada de 27 diferentes huesos de pollo que están conectados a 27 gestos de caridad.ARIEL OROZCO
Azares convertidos en ideas que desaparecen
Por Héctor Antón Castillo.
Periodista y crítico de arte independiente. Reside en La Habana.Lo que sucede posee tanta anticipación que no podemos nunca atraparlo y conocer su verdadera apariencia.
Rainer María Rilke.En la actualidad, el arraigo de la poesía como expresión de máxima subjetividad ha cedido su lugar al carácter poético de una obra como mínima sugerencia de conflictos que involucran a numerosas personas. Ariel Orozco (Cuba, 1979) no es un poeta inmerso en el arte contemporáneo, sino un productor visual que busca deliberadamente lo poético. Esta inquietud lo llevó a emprender un viaje que lo condujo de lo privado a lo público. De tanto pensar la síntesis entre lo romántico y lo pragmático, consiguió articular una combinatoria del objeto y la acción donde inter-actúan el peso y la levedad, lo real y lo virtual, las fugas y acercamientos a las historias reales e imaginarias.
En un principio, la obra de Ariel se nutre de su experiencia vital. El impacto de acontecimientos personales dramáticos inciden en asumir el arte como curación en una tentativa que recuerda la máxima sostenida por Michel Foucault de que “uno debe convertirse en el médico de sí mismo”. De esta etapa son las caminatas donde el peso como metáfora es la idea que enlaza las acciones documentadas en video o realizadas en vivo. Así vemos al performer recorriendo seis kilómetros para trasladar de su casa al hospital el balón de oxígeno que usó su madre. Otra pieza consistió en una reproducción en plomo de la bolsa utilizada también por su madre antes de fallecer. Aquí se percibe un contraste entre el vacío físico del objeto y la dimensión simbólica que adquiere el sentimiento de pérdida ante la prenda del recuerdo.
El quehacer visual de Ariel Orozco no aspira a ser reconocido como un “arte de conducta” ni de “asistencia social”. Sin que intervengan complejos de utopía, apenas se infiere un “cambio de mirada” hacia esos microespacios o hechos intrascendentes traducidos en objetos o acciones. La operación de miniaturizar el caos deviene una política del azar, válida para neutralizar la impronta socio-panfletaria de las obras. Maniobrar con la idea que desaparece por su misma ligereza es el desafío de tener un peso en la memoria del espectador consciente.
La construcción de ciertas ficciones performáticas ilustra un diálogo entre lo estético como imagen de consumo y la ética fantasmal como idea. Perro Balón (2004) es un perro callejero transformado en una pelota de fútbol producto de la intervención del artista. ¿Qué es más importante en esta pieza donde la crudeza del abandono se traduce en belleza fotográfica? ¿Se legitiman simbólicamente los quince minutos de gloria concedidos al readymade ambulante? En este sentido, la certeza se iguala con las falsas dudas que emanan de la manipulación. Al final, lo que se verifica es un regreso al lugar de partida: el animal seguirá ignorado como criatura viviente mientras sirve para garantizar un reconfortante masaje visual.
Una de las acciones emprendidas por Ariel Orozco consistió en atrapar a un tiburón para montarlo en un automóvil y darle una vuelta por las avenidas de la urbe. En este gesto, la intencionalidad incluye el deseo de hacer confluir mundos diferentes. En primer término, la finalidad se concentra en la posibilidad de revelar los enigmas que suponen el cambio de hábitat y la alteración de la rutina visual urbana.
Paseo (La Habana, Cuba, 2003) es una reacción ante la visión romántica de un arte temeroso de reivindicar la estrategia como soporte de la idea. Contra la tradición de exponer el cuerpo como prueba de credibilidad artística, este recorrido insinúa un coqueteo entre el arte y la política. Si en la política el instinto de conservación conduce a evadir el riesgo de jugarse el pellejo, aquí el artista hace otro tanto asumiéndose como un manipulador omnisciente, negado a ser un deudor del utópico vínculo entre el arte y la vida. Junto al breve paseo del tiburón por la ciudad, este simulacro de body-art sirve para dejar atrás la pose del creador sumergido en la pureza de su imaginario.
Muchos creadores e intelectuales de la diáspora insular no creen en el exilio como fatalidad. Asentado en la ciudad de México desde el 2005, la obra de Ariel se ha distinguido por evitar la trampa de una politización anticipada, destino que suele acompañar a los cubanos que persiguen en otros contextos las oportunidades que imaginaron merecer en su país de origen. Dicha actitud facilita sustituir el lleno del resentimiento por el vacío del arte y la vida latente en cualquier sitio del mundo.
















































































