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- Reseña
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Ángela Lergo
La dialéctica de sus entrañasLa música comienza a sonar. Es el comienzo del sacrificio, el retorno al origen donde la humanidad se encontrará con la divinidad del ritual. El ambiente es sereno y sobrecogedor en el antiguo lavade-ro de lanas del siglo XVIII y hoy Museo Vostell Malpartida de Extremadura. Es la noche del 13 de septiembre de 2003 cuando Ángela Lergo entra en la habitación, vestida en lienzo y lana, se aco-moda dentro del círculo que demarca la leche de cabra, que ha sido esparcida anteriormente. Fuera de la figura limitada, doce mujeres rezan imperturbablemente el rosario.
En el centro, Lergo representa íntimamente el significante del lugar que la rodea, la presencia feme-nina y el culto que se le ofrece a la Tierra ancestral. Un hombre vestido de negro, que hace de sa-cerdote, cortará el cabello que la performer entrega en ofrenda. Completamente esquilada, como las ovejas que hace siglos abarrotaban el lavadero, se desprende de su vestido. Desnuda, se unta el vientre de sangre menstrual, dos mujeres la cubren con una capa y mientras en su abdomen se lee “MADRE”, se marcha. Una de las mujeres teje; otra, dando más fuerza al mensaje, ahora traza con los cabellos y lanas la palabra “MADRE” dentro del círculo. El rito termina y la música se desvane-ce.
Continúa la entrega, la tradición, la vulnerabilidad, la emotividad y lo femenino. Aún ronda el espa-cio en que Lergo ha depositado su más sofocante intimidad, el hálito de su presencia y de su cuerpo, que es medio y soporte. Parece inevitable que la artista española no recurra a la figura. A veces su-ya, otras veces representaciones en barro o resina, el cuerpo humano ha sido -a través de los años- su recurso expresivo y resultado final, y con el cual desarrolla sus inquietudes emocionales y socia-les, tanto del inconsciente colectivo, como individual.
En esta ceremonial performance, es discurso de género el que se apodera de la obra, pero sus inter-eses abarcan también al ser asexuado, andrógino, como ella explica: “el ser humano sin más”. Para esto, la artista rehuye el cuerpo de su espacio cotidiano y lo hace espacio en sí mismo, base y refe-rente, estructura de formas y sentidos. Serán la performance y la escultura, las disciplinas que divi-den y a la vez unen el trabajo de Lergo.
En “Debajo del agua” (2006), presenta una reflexión escultórica de lo natural y lo artificial. Para esto establece como escenario el Palacio de las Veletas, que construido en el siglo XVI, hoy cobija el Museo de Cáceres y el antiguo aljibe árabe del siglo XI. Tal como en sus performances, en esta instalación re-crea los conceptos, miradas y espacios, no solo asentando la obra en un lugar, sino que dando una nueva idea al contexto en que la enmarca.
Específicamente, en “Debajo del agua”, con sal que asemeja lo acuoso y cuerpos que esconden gran parte de sus volúmenes bajo la sustancia cristalina, introduce una extensión íntima de la penumbra y la luz, que ciertamente hace referencia al depósito subterráneo, que todavía hoy, recoge agua de llu-via.
Las figuras blancas, elaboradas en materiales artificiales, son sumergidas en lo natural. Se observan entre ellas, a sí mismas o simplemente cierran sus ojos, envueltos en su reflejo que hace de la frial-dad de sus construcciones un discurso íntimo y dialéctico; pero nunca menos intenso. Las perfor-mances, por su propio carácter, se fundan en un lenguaje más dramático que la escultura, como ex-plica la artista: “la cercanía del público, la prontitud y la emoción de la creación en directo, en tiempo real... me provoca un estímulo más vivo y cercano. En las instalaciones recreo un mundo más sereno. Mis esculturas abarcan una mezcla de frialdad y sentimientos, las piezas tienen cierta apariencia de irrealidad, de pertenecer a un mundo interior, casi onírico. Esta apariencia de frialdad no es más que la "barrera" que el espectador tiene que traspasar para entrar en ese mundo”.
Pero, expresiones tan distintas como “Madre y “Debajo del Agua”, ¿en qué punto se encuentran?
En “Madre” trabajé alrededor de la figura femenina, de su rica labor social, familiar e histórica. Me gusta trabajar con la mujer porque la entiendo desde dentro (...) con los entresijos de su mente y sus sentimientos. En la colección “Debajo del Agua” la figura humana también es protagonista junto con el agua, ese líquido que está cargado conceptualmente: el 70% de agua que compone nuestro cuerpo, el nacimiento de la vida que sucedió en el agua, y el nacimiento del ser humano, que se ges-ta en el líquido amniótico. El principio de nuestro subconsciente está en éste líquido, que se encuen-tra el vientre de la mujer…Para Lergo, la materia humana permite un diálogo mucho más directo, ya que el objeto, a pesar de ser extraído de un mundo imaginario, es reconocido por el espectador. En las performance, por su parte, admite servirse de la capacidad evocadora del ser: “Mi cuerpo y mi obra se transforman en dos partes de mí misma que entran en contacto, se intercomunican y se hacen solo una. Cada parte de éste y mi mente se ponen al servicio del trabajo, como mis pies están al servicio de mi intención de caminar (...) pretendiendo expresar la idea final, y mi mente se encarga de dirigir la orquesta”. Sin embargo, como hemos visto, el escenario no es al azar, ya que cobra igual importancia que la figura, y se acopia de conmociones, reminiscencias y sensaciones.
Ángela Lergo entiende a la naturaleza y al ser humano dentro de una lógica atemporal, lo cual su-giere que el momento presente -aún cuando está recogido inevitablemente en su obra- no es el fin último. Será entonces, la configuración estética lo que mantendrá vigente cada pieza de su labor.
Arte y volumen
Con una vocación creadora y una determinante inclinación hacia la escultura, Lergo no concibe su vida sin arte. Nació rodeada de artistas, lienzos y óleos, lo que propició su temprana inquietud por lo visual. Recuerda entrar a escondidas al estudio de sus padres para ocupar sus materiales en los que serían sus primeros trabajos. Años más tarde, ya decidida en sus motivaciones, estudió en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y como licenciada se especializó en escultura. No obstante, ha sido mediante la práctica y la investigación en su propio estudio, lo que le ha realmente permitido aprender e inundar de conceptos su desarrollo.Sin embargo, a pesar de ser la performance y la instalación escultórica las disciplinas que abarcan la mayor parte de su labor, la artista se vale de variados soportes artísticos para alcanzar el subcons-ciente del espectador. “Pretendo buscar en su interior, llegar a las fibras más íntimas de su emoción y su conocimiento”, agrega. Trabajó como dibujante y pintó por encargo en sus años como estu-diante; ha diseñado escenografías y vestuario para teatro y también se desempeñó como diseñadora gráfica en una agencia de publicidad y como creativa en un taller de cerámica.
La escultura fue su primer objeto de expresión, en éste modeló con barro, resinas sintéticas y pro-ductos de desecho industrial; trabajó con diferentes líquidos como soporte de las piezas, así como con animales, productos tecnológicos, especias, tierra y arena; y con elementos como el metacrilato, el acero y el aluminio. Su trabajo es así una continua búsqueda, con persistentes hallazgos espontá-neos. Uno de éstos fue la performance.
Sandra Lodos Peña, periodista
Articulo publicado en la revista Arte Al Limite Nº 26
















































































